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domingo, 28 de febrero de 2016

PANORAMA CATÓLICO Y SUS ADMIRACIONES CONSERVADORAS.

Por Dardo Juan Calderón

Siguiendo la línea de resaltar y promover las personalidades de la tendencia conservadora, dentro y fuera de la Iglesia, Panorama Católico se “admira” de la homilía que el hijo Sacerdote de Antonin Scalia le dedicó a su padre recientemente fallecido. (Scalia era miembro de la Suprema Corte de EEUU, puesto por Reagan, mayor defensor del pensamiento conservador americano en sus fallos. Hijo de un Siciliano, poseía ese vigor en su “fe” por la Constitución americana, que sólo puede encontrarse en los “conversos recientes” (inmigrantes pobres que accedieron al american way of life), defendiendo la corriente de los “originistas”, es decir, que defienden que la ley debe interpretarse a base del pensamiento original de los redactores de la Constitución. Una especie de “tradicionalismo” que parte de los revolucionarios de 1776 y que toma a estos ideólogos como la “verdad revelada” para la democracia universal. No venía de la carrera judicial, sino de los cargos asesores de gobierno, especialmente fue el estratega y regulador de la televisión por cable del país, puesto allí por Ford).
 Lo cierto es que la homilía es en sí misma una pieza de un catolicismo pasable dentro del conservadorismo católico, pero hace estallar al editor de Panorama en estas palabras llenas de entusiasmo: “El padre Scalia, en vez de centrar su sermón en su padre, lo hizo en la proclamación de las verdades esenciales de la fe, aprovechando la repercusión nacional del acto para un impresionante momento evangelizador. Modelo de pieza oratoria fúnebre, la homilía se ha convertido en noticia por sí misma, siendo reproducida en su integridad, por escrito y en vídeo, por numerosos medios de comunicación”.
 En realidad, entendemos que el entusiasmo es más por la repercusión que por el contenido. Ya nadie puede sustraerse al encanto de poder estar en un sitio desde el que pueda influir, hablar de nuestra religión acallada aunque sea con una falsificación cristiana, y sin tener clara conciencia que esa influencia es un segundo emocional que se pierde en la nada y que lo que queda es el error que se contrabandea entre la Verdad (salvo claro, que logra algunas donaciones desgravables de impuestos, que para católicos norteamericanos, es signo claro de dilección divina).
Pero veamos algo de lo homilía, que no puede obviar – junto al homenaje a Nuestro Señor – un igual homenaje a la gran Nación Norteamericana, cuna de la moderna libertad. Sobre todo en sus Padres Fundadores que pasarán a reemplazar a los Padres de la Iglesia. Es decir, Cristo,  y después en esa línea: Jhon Adams, Benjamín Franklin, Hamilton, Jhon Jay, Thomas Jefferson, James Madison y George Washington (de los cuales el prestigioso padre del cura, era de la línea federalista de Hamilton).Pero vamos a la homilía: “Como es bien conocido, Dios bendijo a papá con un gran amor a su patria. Él sabía bien hasta qué punto fue difícil la fundación de nuestra nación. Y vio en esa fundación, como en los fundadores mismos, una bendición, una bendición que se pierde cuando la fe es apartada de la plaza pública, o cuando rechazamos llevarla a ella. Él entendió que no hay conflicto entre amar a Dios y amar a la patria, entre la fe y el servicio público. Papá entendió que cuanto más profundizase en su fe católica, mejor ciudadano y servidor público sería. Dios le bendijo con el deseo de ser un buen servidor de la patria porque, antes, lo era de Dios”. Faltaba el “In Good we trust”.
Destaca especialmente el “pensamiento” de su padre:“Nos ha emocionado leer y escuchar tantas palabras de alabanza y admiración hacia él, hacia su inteligencia, sus escritos, sus palabras, su influencia...”¡que ya veremos cuáles eran!. (Es llamativo que una de las razones que llevaron a su elección frente a otro candidato - además de alagar al electorado italo-americano – fue la de que nunca había escrito sus ideas y no iba a tener impugnaciones por ellas o podía sortearlas con cambios favorables. Es un buen consejo para los entristas: una cuidada virginidad en la opinión es necesaria (y si no pregunten a Carlos Manfroni), mejor testimonio cero y en todo caso, una calculada ambivalencia.
Y no deja de agregar un pasaje en que se filtra el ecumenismo fundante de esa Nación: “Escribiendo hace años a un ministro presbiteriano cuyo servicio funerario admiraba, resumió muy bien los inconvenientes de los funerales y por qué no le gustaban los panegíricos”. Corto, pero políticamente correcto. Queda claro que “admiraba” otras religiones.
Vamos ahora al padre, al gran jurista americano que se nos quiere colar en este acto de admiración como ejemplo de católico, padre de familia numerosa (nueve hijos, uno cura) y que sin embargo llegó a la cumbres del poder americano sin merma de su catolicismo (según el pritcher), y pudo parir este maravilloso sacerdote que da un testimonio mediático sin igual. En ejemplo claro de entrismo triunfante.
Sus más alabados fallos (casi todos en disidencia y perdiendo las votaciones, cosa que más las avala que las refuta en la lógica democrática) fueron en contra del aborto, de la homosexualidad y del  matrimonio igualitario. Pero entendámonos…no fueron en contra de estas prácticas, sino en contra de que estas prácticas fueran impuestas desde fallos judiciales como vía de excepción, y no por el voto universal;  con el argumento de fondo de que no estaban en la carta orgánica y dispuesta por los santos padres de la nación. En nada de esto tiene algo que ver Dios, y ni siquiera la moral natural.
Veamos este párrafo que sacamos de Wikipedia: “Scalia argumentó que la aprobación del aborto por parte de la Corte Suprema de los Estados Unidos es antidemocrático. Según el magistrado, los ciudadanos estadounidenses nunca han decidido que un estado no puede prohibir el aborto . ¿Cuándo han decidido eso?, se preguntaba Scalia, quien afirmaba además que en una democracia, la regla de base es que la gente decida, las personas. "En una democracia liberal, que somos, las personas (individuales) no deciden sobre todo, no deciden sobre libertad de expresión, libertad religiosa, el derecho a portar armas, el derecho a ser juzgado por un jurado, el derecho a ser confrontado por un testigo, etcétera. ¿Quién decreta esas excepciones de la democracia? La gente lo hace, cada una de esas estipulaciones fueron presentadas al pueblo. Tu puedes quererlo o no, algunos de ellos puede que lo rechacen, pero esa es la regla que la gente siempre ha seguido. La pregunta es si el pueblo alguna vez prohibió que un estado pueda proscribir el aborto. ¿Dónde?"
Durante 200 años, cada estado ha prohibido el aborto. ¿Cuándo los estadounidenses han dicho “no, un estado no puede hacer eso”? El asunto, sin embargo, decía Scalia no era si se debía prohibir o no el aborto, sino quién decidía. "Si la gente quiere permitir el aborto, está bien, pero son ellos quienes deben decidirlo". Scalia dijo públicamente que la decisión de la Corte, donde se legalizó el aborto, era errónea y que debía ser anulada.”.  Sigue más abajo: “acogió al argumento de que los jueces no tienen ninguna competencia para decidir sobre el derecho de las mujeres a interrumpir su embarazo, ya que dicha intervención solo prolonga una angustia política que solo puede ser resuelta en las urnas”.
Sigamos con citas : “La amenaza para Scalia no era que las parejas homosexuales puedan casarse como hasta ahora solo podían hacerlo las heterosexuales, sino que el Tribunal Supremo haya legislado algo que debería regular cada estado de manera individual” es decir… razón de federalismo y voto democrático.

¿Para qué más?

   Nos permitimos desde aquí no admirarnos ni celebrar la homilía, ni mucho menos al hombre que la inspira, y para nada a su pensamiento. Nos permitimos así mismo y a base de pocos datos, pero de sanos prejuicios, suponer la clase de catolicismo que profesa el Sacerdote tan celebrado y que buenamente amplifican los medios masivos.
Antonin Scalia es el ejemplo del católico que defecciona de su religión en el naturalismo y el entrismo, para conservarla en su intimidad y como un hobby de anticuario. Es la síntesis de la más perniciosa de las últimas herejías que han penetrado en nuestra Iglesia y que han provocado la final apostasía: El Americanismo.
Que descanse en paz, ya dejó de hacer daño. En todo esto no hay nada que admirar, y mucho que lamentar. Queda para él como epitafio la frase del Gerente mundial, el morocho Barack Obama:
"El juez Scalia dedicó su vida a una piedra angular de nuestra democracia: el Estado de Derecho. Una mente legal brillante, un estilo enérgico, un ingenio incisivo y unas sentencias de colores".
Vaya a saber si en el Tribunal del cielo se tragan esta patraña. 

viernes, 26 de febrero de 2016

RESEÑA AL CONSERVADORISMO ANGLOSAJÓN

(Rubén Calderón Bouchet. Editorial Vórtice, 2014.)
Por Germán Rocca
Pasado más de un año largo desde la cuidada edición que realizó Vórtice sobre el último libro escrito por Rubén Calderón Bouchet, sin que nadie amague el más somero interés o comentario sobre el mismo, mencionaremos algo de esta obra.
En primer lugar, hay que decir que esta situación no resulta extraña. Sabíamos que sería un libro mayormente mal recibido a tenor de su contenido y de los vientos en boga. Se puede ver especialmente en las últimas obras de Calderón Bouchet, de modo muy marcado,  que escribió el sabio desde la experiencia y el conocimiento decantados, con cierto desdén hacia el estilo propio del profesor. Se suma a esta situación, que aun coincidiendo con la crítica hacia la democracia que siempre se hizo desde la Historia y el Derecho, ha preferido hacerlo desde su posición de católico y de su modo de entender la religión.
En estos términos llanos y simples, siempre basado en la enseñanza de la Iglesia, escribió sobre el solapado liberalismo yankee que intenta conciliar la religión, - trastocando las prelacías y con ello haciendo de ella una ideología piadosa- con el juego que impone el presente político.
Se ha discutido bastante en torno al autor y sus ideas sobre el presente, pues aunque algunos habíamos creído verlo claro en sus obras anteriores, lo cierto es que no teníamos a disposición un libro suyo que trate sobre su pensamiento político acerca del hoy y ahora. De eso se trata el libro que ahora reseñamos, el que además de ser el último que escribió, es el que trata sobre la historia más reciente y llega al presente. De más está decir, que no es necesario realizar mayores esfuerzos, tampoco  forzar el texto, para cotejar que sus reflexiones cuadran con un presente que va más allá de los USA.
Afirma el autor que “decir que la crisis revolucionaria es fundamentalmente religiosa es una de esas verdades que no necesitan ser minuciosamente demostradas si la gente no hubiese perdido el sentido de lo que es la religión y de la función que desempeña en la constitución del orden social”.
No obstante, el conservador deseoso de modificar el estado actual de cosas se pierde como quien se encuentra frente al dilema del huevo y la gallina, a pesar de lo claro que resulta el Evangelio, a lo que Calderón Bouchet agrega:
“El consejo de Jesús “buscad el Reino de Dios y su justicia, que todo lo demás os será otorgado por añadidura”, sufriría en las mentes conservadoras una transposición que invalidaba totalmente su eficacia redentora. El conservador parecía aconsejar que para poder salvar las añadiduras, resulta conveniente buscar el reino de Dios y su justicia”…
Este modo utilitario de hacer entrar a la religión en la política pone el carro delante del caballo y hace de nuestra religión trascendente una ideología más, que con buenas intenciones y tal vez harta de la inmoralidad moderna, quiere cambiar las cosas, pero la troca en ideología al servicio de la política. Ya no es la enseñanza de Cristo.
Quien haya leído a Rubén Calderón Bouchet sabe que no dejaba pasar zonceras, no tanto por lo zonzas, sino más bien por el peligro que conllevan. Así es que afirmó en contra del pensamiento liberal-conservador:
“Acaso Kirk considera que un cuerpo de profesores puede, en alguna medida, sustituir la ausencia de una aristocracia. Es confiar demasiado en los estudios y olvidar que los profesores se reclutan, generalmente, entre los elementos marginales de la sociedad… Esperar de la influencias de esos grupos intelectuales la preparación de una élite intelectual capaz de reemplazar las viejas aristocracias me parece totalmente vano”… “uno de los propósitos de la revolución fue la destrucción de aquellos nidos de hidalguía que fueron las viejas familias ¿Cómo se pueden recomponer las minorías dirigentes cuando ya no se dan las condiciones familiares de su nacimiento? Sin orden heril no hay cuna para mecer una aristocracia y del sucio tráfico de las camándulas políticas no puede surgir una élite vulnerada por la bastardía de su origen”.
No desentona con la enseñanza de varias de sus obras anteriores, siendo que siempre remarcó la necesidad de una familia fuerte que le transmita al hombre qué heredar y la imprescindible ayuda de la Gracia.
Y porque no quería mentir, no podía dejar de hacer notar que:
“Ya no hay pueblos en el sentido tradicional del término, sino masas, y las masas, en cuanto tales, no pueden recibir la predicación religiosa, la verdadera fe, sin dejar de ser masas”.
Es claro que en don Rubén no son escindibles política y religión; no podía ser de otro modo en un hombre formado en el pensamiento clásico, donde el orden sociopolítico está ordenado al fin último que es Dios; y donde este bien común debe ser alcanzado por la persona singular viviendo la plenitud de su naturaleza social y de la Gracia santificante.
Se atenta contra este orden tanto cuando se prescinde de Dios, como cuando se trastocan las prelacías, y “corregirle la plana a Nuestro Señor no es siempre la mejor manera de solucionar los problemas sociales”.
El observador atento de la realidad podría entender que nos encontramos ante un callejón sin salida. No es tan así, en tanto el caballo siempre puede volver a colocarse por delante, pero tampoco es para esperar soluciones rápidas:
“La influencia de la ideología liberal democrática ha destruido, me temo que para siempre, el ritmo de un crecimiento del orden social con todas sus disonancias e inconvenientes adscriptas a la naturaleza caída. En primer lugar porque ha impreso en el rumbo del hombre moderno un rumbo valorativo economicista y ha colocado, como legítima consecuencia, la conducción de los asuntos públicos en las manos de una oligarquía financiera. La prelacía del dinero ha reemplazado la del espíritu, el coraje y el servicio y las ha substituido por los hombres de paja nacidos al azar de los juegos electorales. Situación muy difícil de revertir a no ser que se produzca un cambio imposible de prever en las condiciones en que actualmente se producen los hechos políticos significativos”.
Podría entenderse mal la obra y llevar al desánimo. Si bien es cierto que la lucidez difícilmente vaya de la mano con el optimismo, a ésta se la apuntala con la Esperanza. Don Rubén nos lo recuerda al traernos esta analogía sobre el error de la política conservadora y el del creyente particular: “Mantener la fidelidad a la enseñanza de Cristo es buscar el Reino de Dios y su justicia… Acaso se podría objetar que cada intento de restauración política estaría  definitivamente condenado por la temporalidad de su propósito. No olviden que la vida del cristiano es una restauración permanente hasta que muere, pero si me confieso para recobrar la Gracia de Dios, no es lo mismo que si lo hago como un simple remedio para mi salud moral”.
Esta “contradicción teológica inexorable”, metidos en el ambiente que nos arropa, no es tan fácil de ver y, habiéndola visto, de asumirla tanto en los USA como en cualquier otro sitio. En USA es particularmente difícil, nos dice el autor, dado el origen protestante y liberal del país del norte y a su dinámica particular.
La segunda parte de la obra es una reflexión sobre El modelo desfigurado, de Thomas Molnar. Allí se estudian esos entes de razón publicitaria que son los partidos políticos y la manipulación que logran sobre el norteamericano.  “Con una sonrisa ganadora, un mechón de cabellos en estado de desorden calculado, una esposa que hace confidencias apropiadas para conmover a millones de otras esposas ante el televisor, ya se ha lanzado a una aventura política”.
“El americano medio no concibe lo diferente y lo considera una aberración divertida o molesta, según la situación que vive, cuando alguien no responde al denominador común. La religión católica de un descendiente de irlandeses y la mosaica de un hijo de judíos, se integran en la religión específica del norteamericano que forma parte del espíritu cívico y forma de garantía, según la observación de Tocqueville, a las instituciones democráticas”.
Esta última parte del libro nos permite comprender mejor esa mala espina que siempre hemos tenido en relación al catolicismo norteamericano, donde desde la religión verdadera se pueden defender sin que el resto de los católicos se lleguen a incomodar, tanto a los Padres Fundadores de aquella nación como a sus principios constitucionales: “El meltingpot”, esto es el puchero donde se mezclan y se homogenizan todas las razas del mundo adquiriendo ese sello, típicamente americano, que caracteriza a esa nación. Todas las etnias vinculadas al banquete democrático pierden, en contacto con la vida americana, todo aquello que las distinguían y adquieren, en el sencillo transcurso de una generación, la fisonomía genérica del americano “standard”. Si tomamos con la debida seriedad lo que decía Marx del hombre genérico, en EEUU este sueño revolucionario tiene visos de ser realizado sin la intervención violenta del Estado policial, sino por las simples fuerzas plasmadoras de las compulsiones sociales”.

miércoles, 24 de febrero de 2016

NATURALISMO Y DONATISMO.

Por Dardo Juan Calderón

Los muchachos de Infocaótica, en defensa de cierto entrismo, ante los disparos de los no colaboracionistas por “naturalistas”, devuelven con lo de “donatistas”. La cuestión es que nos zampamos herejías por la cabeza y hay que ver si esto es correcto. Porque una cosa son los principios doctrinarios y otra las decisiones prudenciales.

Con los principios doctrinarios no se debe embromar. Lo otro puede ser joda; en este zafarrancho que es el mundo político actual se acepta toda clase de desaciertos y el acierto es casi imposible.
El principio cristiano en política es el que vimos en el artículo anterior, y lo que hace que una persona vaya cayendo en el naturalismo es el problema del doble fin (uno para la sociedad que sería natural, y otro para el hombre que sería sobrenatural). ¡Minga! Es UNO. Más todavía si el  fundamento de este doble fin, está en la “libertad” del hombre por sobre la autoridad de Cristo y su Iglesia. Es decir el considerar que un acto de libertad puede ser un acto de rechazo, simple indiferencia u ocultación de la Verdad Revelada por Dios, cuando siempre es este un acto de voluntad viciada, por lo menos por el error, cuando no de la mala voluntad (dolo, decimos los abogados). El de que no puede haber actos perfectos de libertad ni de virtud sin la asistencia de la gracia. Y por último, el de que la Iglesia fue fundada por Cristo para comprender en su interior la totalidad de la actividad humana. Todo es llamado a ser Iglesia, y en la respuesta a este llamado, todo lo natural se realiza en su verdadera medida humana y va anticipando y construyendo El Reino.
Estos principios no nos van a decir con exactitud si tal o cual gobierno implica una negación total y contraria a todo ello, y o si ante tal o cual gobierno corresponde tal o cual actitud. Sin embargo, el magisterio de la Iglesia, por su preeminencia espiritual y su especial asistencia del Espíritu Santo, puede expresar una doctrina política y también someter a juicio a los gobiernos del mundo, y decir, como fue el caso, que tal gobierno es “intrínsecamente perverso”. Claro que hay naturalistas católicos, que al desvariar en los principios, le niegan hasta esta facultad y potestad, como si fuera una intromisión indebida en los asuntos de la humana política. En realidad llegan a entender que la Iglesia no puede tener una Doctrina Política, ni expresar una Política Cristiana, y que por lo tanto debe callar ante la masacre estaliniana, la impiedad y el sacrilegio. Están locos y no entendieron a Cristo.
Ahora bien, un “principismo” político puede llevar a lo que se ha dado en llamar un “Donatismo político”, es decir, una persecución de la pureza a tal grado que se enajena con la realidad del hombre caído y rompe toda posibilidad de convivencia. Que pretende arrancar la cizaña o ser sólo trigo, y salir del campo con sus raíces en la mano. Lo que es a todas luces malo e incorrecto. Romper el juego de la “Arcilla y el hierro”. Y a veces se produce un poco por el caos que reina en lo doctrinario, y de esa libertad que teníamos al ser miembros de una Iglesia que cuidaba con mansedumbre que el rebaño no se disperse, se tiene que pasar a una disciplina más rígida y hasta con amputaciones. (Ya pasó con Trento necesariamente, y si viniera un Concilio bueno, ¡hay! ¡que de anatemas tendría que lanzar!
La historia nos ha enseñado que la perversión de los principios ha producido enormes consecuencias dañinas desde el naturalismo, que finalmente está impuesto universalmente. Pero no ha sido un gran problema de la Iglesia, en la historia, este donatismo que se señala. Muy por el contrario, la Iglesia ha pecado de paciente y comprensiva, tolerando hasta límites a veces excesivos. Puede señalarse como defecto de algunas personas, pero no como defecto de la Iglesia. No debe preocupar, esto lo tenían muy claro. Podrán decir que San Gregorio VII se pasó de rosca, no en los principios, pero sí con respecto a la diplomacia con el alemán… puede ser… era un monje. Que lo de Galileo se pudo manejar mejor… quizá.
Es más, este naturalismo, ha entrado en la Iglesia, produciendo entre otras cosas de mayor calibre, la idea de que no debe “para nada” inmiscuirse en los asuntos humanos y ha terminado con una iglesia que defecciona y se termina entregando a los poderes anónimos mundiales, propiciando en por lo menos tres encíclicas de los últimos tres Papas, la conformación de un gobierno mundial que la reemplace. El donatismo está bien lejos.
Este naturalismo, que ya se ha convertido en un indiferentismo religioso y moral dentro de la jerarquía vaticana, ha producido el silenciamiento del Magisterio Eclesial. No tienen nada que enseñar. Y el católico ha quedado a la deriva en muchísimas cosas, y entre ellas, en lo político. Nadie en la Iglesia, recuerda los principios y mucho menos establece ciertas pautas para guiarse en los hechos políticos mundiales que ocurren. La Iglesia ha dejado de ser Maestra y Guía de los cristianos. Hemos quedado a la deriva y solos.
Ante esta situación, el primer peligro es perder de vista los principios. Lo que ha ocurrido de manera impresionante entre los católicos. En segundo lugar, es perder la “ubicación” histórica. ¿Quién es quién? Y ¿Qué piensan? los que gobiernan el mundo. Por ejemplo, ese que era “intrínsecamente perverso” ¿desapareció? ¿No hay ninguno de esa calidad? ¿Son potables? ¿Son buenos? ¿Son malos? Vaya uno a saber, no hay criterios de ayuda, es más, hay un coqueteo de los más confuso y maquiavélico en el que una camarilla vaticana actúa con contradicciones internas, más para salvarse a sí mismos que para buscar la salvación de nadie. La jerarquía vaticana ya sólo busca un fin intrínseco en su política, ¡qué decir de hablar de un fin trascendente para la política del mundo!
Como digo. Estamos solos y con nuestra cabecita para arreglarnos. Entonces, mantener los principios seguros es primordial. Y es una tarea política de primer orden, sino, nadie va a encontrar la salida nunca. ¡No jodan al que está en eso y tiene la capacidad! Pero también está el problema de una “Acción” política, más o menos eficaz, a favor de los hombres en el mundo. Y esto es prudencial. ¿De una prudencia individual? No, no debería ser así. Somos Iglesia, debería ser una prudencia que se guía desde la Iglesia magisterial y que viene desbarrando desde hace un tiempo, una prudencia de “equipo”. Pero ya no hay más “equipo”.  La Iglesia ha llegado a un grado de decadencia, para la percepción humana, que se podría decir “mortal”. Su subsistencia ya forma parte de un “misterio”, y aunque el misterio nos asegura la subsistencia material, no estamos muy seguros de dónde está. Francisco demuele a mazazos lo poco que queda, con furia diabólica y cada uno esconde una partecita para salvar; uno la liturgia, otro la moral, y la mayoría su propio culo.
En concreto, en cuanto a lo prudencial y en la medida en que estemos de acuerdo en los principios, hay que evitar las acusaciones de herejías y darse palos tranquilos en cuanto a los rumbos que se eligen. ¡Mirá quién habla! Dirán. No es así. El caso Ayuso es muy concreto. El P. Devillers escribe un libro de “principios” y “doctrina”, y Ayuso lo considera erróneo en los principios. Es naturalista. No hay otra. Y la gente de Infocaótica, por ahora, no veo que hagan lo mismo. Dicen que hay que actuar en democracia, y bueno… mientras no defeccionen de los principios, pues no voy a acusarlos de ninguna herejía. Podré decirles que están errados en sus juicios históricos y prudenciales, o que son zonzos o que son muy vivos; y hasta mandarlos al carajo y ser buenamente reenviado por ellos. Pero no herejes por ahora. De la misma manera, no corresponde la acusación de donatistas a quienes defienden los principios eternos de la Iglesia y consideran que toda colaboración con el sistema democrático es mala, mala políticamente (y en esto se traen muchos ejemplos históricos) y peligrosísima con respecto a la integridad de los principios, por lo menos sino como pecado, como ocasión próxima. Pero el pecado depende de cada uno y de sus circunstancias;  yo le tengo miedo porque soy como Oscar Wilde (¡no en lo trolo!), en aquello de que lo “único que no puedo resistir, es la tentación”. Si hoy me dieran un cargo; pues hago los favores que pueda a mis amigos, me afano hasta los lápices, les destruyo el sistema y me rajo a andar a caballo.
Se lo traté de explicar a un anterior contendiente, pero no entendió. Yo sólo le pedía que no introdujera errores. Más o menos como, “si andás con malandras para redimirlos, no los traigas a casa porque están las chicas, ¡y la vamos a cagar por los dos lados!”.
Infocaótica debe una disculpa por lo de donatista, (no a mí; seguro que no) ellos saben a quién. Y después de ello, pueden discutir y hasta putearlo por sabotear las elecciones. Yo por mi parte, firme con él, ya que la única acción política que veo potable frente a este mundo, es el sabotaje (asunto que pega más con la tradición nacionalista, que casi nunca dió para más). Con la particularidad de que para mí, ya ni siquiera me la tomo en serio ni con tristeza. En Joda. Como en el Agente Secreto de Conrad. Y en esto del humor debo reconocer en Infocaótica una condición que nos emparenta desde el viejo nacionalismo: ya desde el título, se lo toman bastante en joda; que de solemnes derrotados, con liturgias políticas (cuando tiraron la religiosa), estoy hasta las bolas.
Dijimos que la Iglesia distingue funciones, y entrega la función política a los reyes del mundo en la medida que son fieles a Cristo y al fin sobrenatural del hombre. Pero esta dependencia no debe asustar, ni se trata de un gobierno directo de monjes, ¡es enormemente libre! Cristo nos hace mucho más libre que el liberalismo. El buen Cura no quiere saber nada de esto, es más, ni puede entender cómo nos divierte. Cuando se mete, se mete por fuerza y de mala gana. Después hablaremos de libertad y sujeción del cristiano en este aspecto y ahí, encontraremos a Calderón Bouchet y verán el enorme espacio que se deja. Pero primero es lo primero.

lunes, 22 de febrero de 2016

NATURALISMO Y ENTRISMO: DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA.

Por Dardo Juan Calderón

Trataremos de explicar el porqué de las idas y vueltas del artículo de JA Ullate Favo en Infocaótica, y para dónde rumbeaban los comentarios, que en lo que a mí me importa, entendían que naturalismo y entrismo eran cosas diferentes. Que Ayuso era naturalista pero no entrista y que había casos al revés.
Pues no. Uno se deriva del otro, siendo el entrismo un tanto más pedestre en su error. Un tanto mas “carnal”.
Ullate  hablaba del “Agustinismo Político” como una forma de concebir lo político a principios de la Edad Media, y del Tomismo como otra forma – diferente-  más tardía. La primera tendría una carga “teocrática” (lo que no es correcto como denominación, porque Dios gobernó al pueblo elegido directamente - y eso era Teocracia - pero después de Cristo lo hace por su Iglesia, y no es teocracia, son hombres), que pondría al poder político bajo la dirección de la Iglesia (de inspiración platónica, lo que es cierto) y la segunda le daría una autonomía (de inspiración aristotélica, lo que también es cierto). Pero que son diferentes no es cierto. Es el famoso problema del fin único o del doble fin.
La primer cosa que atacamos es esta diferenciación. Ambos santos pensaron lo mismo, porque la Iglesia siempre pensó lo mismo, claro que cada uno desde sus atalayas filosóficos. Y tampoco es verdad una pugna eterna entre Aristóteles y Platón como dos polos opuestos, ya que tenían muchísimos puntos en común.  Luego trasladarlo a Agustín y Tomás. Es mala gimnasia poner estos autores siempre en una posición de antítesis dialécticas, es una simplificación inaceptable. Los cuatro son el occidente.
Es decir, que en el primer caso – el del tradicionalismo - el fin del orden social es el mismo fin del hombre - la salvación de las almas - fin que busca la Iglesia y que funciona como condicionante de todas las actividades humanas y totalizante del hombre en todas sus dimensiones. Y bien digo: “totalizante”, cosa que no podríamos predicar del orden político jamás (va para nazis, fascistas y comunistas). Y esto porque todas las dimensiones humanas están – desde Cristo -  llamadas a “ser Iglesia” y nada puede escapar a esta nueva condición sin marchar a su auto negación, destrucción y descomposición.  Por ello, la autoridad máxima de la humanidad en todos los planos es la jerarquía de la Iglesia que delega sus funciones dentro del orden social, y por ello, los reyes de este mundo, son delegados y funcionarios de esa Iglesia y de esa jerarquía. Y es por ello que la Iglesia funge como control de legitimidad del poder. Aunque se acepta una cierta legitimidad de origen aun desde el paganismo, ya en la figura del Imperio u otras, y se considera bueno darle una continuidad a ese “orden natural” que se formó en la historia; pero el criterio de legitimidad primordial será el de “fin”. Es legítimo si se busca ese fin para los hombres que tiene bajo su gobierno.  Y si no lo busca, pues la Iglesia tiene el derecho de deponerlo y de cambiarlo.
Esta fue la doctrina política de la Edad Media. (Consulten si quieren a un agnóstico que trata el tema con esa seriedad objetiva de los alemanes en el libro de Otto von Gierke “Teorías políticas de la Edad Media” publicado por Huemul en 1963), veamos una cita de esa obra: “Luego en la Edad Media, estas ideas surgen al pronto en el postulado de una comunidad externa, visible, comprensiva de la humanidad entera… Por eso, en todos los siglos medievales,  la cristiandad, idéntica en su destino a la humanidad, nos es presentada como una comunidad singular, universal, fundada y gobernada por Dios mismo- (esto está mal comprendido, ya lo explicamos) - . La humanidad es un “cuerpo místico”; es un pueblo o una “gente” sola e internamente relacionada; es una corporación que lo comprende todo (universitas) que constituye aquel reino universal, espiritual y temporal, que puede llamarse Iglesia Universal (república generis humani). Así para alcanzar su único propósito, necesita un derecho (lex) y un gobierno (unicus principatus).”
¿Qué agrega Santo Tomás en El Gobierno de los Príncipes? Mantiene la misma doctrina, pero hace consideraciones respecto a la autarquía del gobierno civil. No es bueno que se mezclen como efectivamente se mezcló en épocas medievales en que los obispos y sacerdotes ejercieron funciones gubernamentales - con gran abuso y detrimento de sus funciones espirituales - haciendo decaer sus vidas y testimonios religiosos por efecto de los “negocios” propios de la función política. Santo Tomás nos dice que es bueno que los curas no entren en esto y que sean santos laicos los que se dediquen a esta función. Establece una separación de las “funciones” pero manteniendo la unidad de autoridad y de fin.
Cabe agregar que esta unidad no implica uniformidad, porque – volviendo atrás- la legitimidad de origen tampoco es desdeñable cuando implica una forma particular de ser de los pueblos en su historia, y que no siendo contraria a la “lex” y al fin, deben ser respetadas. Así los pueblos que traen dinastías monárquicas, es bueno que se mantengan, y si la costumbre implica un entramado feudal, no hay que romperlo; o si son más democráticos (como los vascos) pues bienvenido; o si son más de tipo republicanos como los catalanes y muchos de la península itálica, de igual forma respetar esa costumbre. ¿Y por qué se debe respetar? Porque en lo bueno que tienen y acumularon en la historia está la voluntad de Dios y sus gracias actuales para con ese pueblo singular. También el fundamento es Dios en este caso.
Con respecto a los gobiernos de naciones infieles, pues se deben “soportar” o “tolerar” (aunque no sean legítimos) en la medida en que no se puedan convertir, y si se convierten, tratar de mantener aquellas formas y leyes de gobierno que están en la línea de una justicia natural, que forman parte de su historia y costumbres, y todo mientras que no sean contrarias a la ley divina. Por eso a los aztecas, había que derribarles sus ídolos satánicos y todo su orden diabólico, y a los romanos había que respetarles su corpus jurídico y a los vascos su tozuda igualdad (que así Dios los quiso).
En general esto es lo que se pensó en la Iglesia y lo que se debe pensar siempre. Hoy implica – para nosotros -  que todos los gobiernos del mundo que ya no se consideran parte de la Iglesia – y que expresamente lo rechazan como malo y muy malo -  son todos ilegítimos – unos más que otros- que deben tolerarse en la medida que no pueden convertirse, y que corresponde juzgar qué aspectos conservan de orden natural – para ser respetados en sólo esos aspectos – y cuales ya son contrarios a la ley de Dios; a los que hay que resistir y atacar en la medida de los posible y de lo prudente. La Iglesia conciliar ha cambiado el criterio de “legitimidad”, que ya no es por el fin, sino por el origen, y ya el origen no es el de la historia y costumbre, sino el de la revolución, es decir el democratismo. Toda la historia desaparece ante la ideología de 1789.-
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El naturalismo en política consiste en exagerar esta autarquía de lo político y concederle un carácter autónomo de orden. Otorgarle un fin propio, diferente al de la Iglesia. Esto puede consistir lisa y llanamente en un fin temporal material o económico; o puede implicar algo más humano, como un fin de “virtud” política (que normalmente será el estado de mayor justicia entre los hombres). Y entonces no hay más un llamado a la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo; sino que hay dos “mundos”. Esto dos mundos pueden contradecirse, o pueden buscar una compenetración; pero siguen siendo dos. Y ya ninguno puede ser “totalizante”. Ya no hay nada totalizante y el hombre está divorciado y enajenado.
Lo más importante de esto, cuando de naturalismo “católico” hablamos, es cuál es el argumento que usó Santo Tomás para establecer esta separación de “funciones”. Porque de este argumento surgirá si siguen siendo UNA sociedad con funciones delegadas y autárquicas; o sin son DOS con autonomía, aunque venga con posterior “ensamblaje” o “compenetración”.
 Se sabrá si el poder político debe tender hacia un fin que le marca la Iglesia jerárquica y que es de orden sobrenatural, o si tiene un fin propio que maneja con criterios y leyes propias y de orden natural. (Acá lo peor, es que se conciben como dos órdenes separados, cuando en realidad es una distinción intelectual de un mismo orden que pisa ambos mundos. Nada hay en nosotros que sea sólo natural - ni siquiera ir al baño - todo lo que es natural lo es, en la medida que está envuelto de lo sobrenatural. Y si no, pues no es ni siquiera animal, es antinatural y contranatura. Lo natural en el hombre es tender a lo sobrenatural y alimentarse de ello).
El tradicionalismo sostiene la doctrina medieval, y entiende que Santo Tomás hace la delegación autárquica de funciones, en búsqueda de preservar la “AUTORIDAD” de los sacerdotes y la jerarquía. A fin de que estos mantengan una vida espiritual lo menos encharcada en los negocios mundanos, y de esa manera mantener el “saber” (que es la “autoridad”) con la libertad de verse lejos de los “intereses” bajos y humanos, y de poder de esa manera, sin colusiones ni parcialidades, fungir como autoridad de apelación ante los abusos del poder (abusos que son fundamentalmente el no perseguir el bien común trascendente del hombre, que es su salvación). Esta idea, reafirma la AUTORIDAD de la Iglesia ¡más aun que las prácticas anteriores en que se permitía intromisiones en el poder civil  que la ponían en riesgo!
El naturalismo católico (y aquí lo tenemos a Jougnet y a Ramírez que, junto con otros), entienden que esta división de funciones, se hace para preservar la LIBERTAD del hombre – no la AUTORIDAD de la Iglesia - valor que consideran esencial. Entonces se pasa de la autarquía a la autonomía (y dicen que esto surge de Santo Tomás, siendo que lo anterior se expresa sin lugar a dudas por el aquinate en la obra citada).
Ellos entienden que Dios quiso que el hombre lo obedeciera y adhiriera a Él, en “libertad”. Y ahí estaría el mérito. Por lo tanto hay que dejarlo libre para que se realice en la “virtud”, y haga esa opción libre por Dios, desde su autonomía.
Aquí ya entramos en un tema que nos excede a todos, que es el tema de la “gracia” jugando con la libertad. Pero intentemos una aproximación de catecismo. ¿Puede el hombre llegar a Dios desde un acto libérrimo? La respuesta es no. El que tiene lo menos no puede lo más. A la fe se llega desde un acto gratuito de donación, hecho por Dios. ¿Pero entonces no puedo llegar con mi inteligencia? Hasta cierto punto (o puntito), pero luego, el que se baja para recogerme y llevarme hasta Él, es Él. Y para mayor complicación ¿Puedo hacer un acto libre sin Dios? No; un acto verdaderamente libre, que sería esencialmente el que me llevara a la salvación, es decir al fin propio, no puedo hacerlo sin la gracia de Dios. ¿Puedo hacer un acto de virtud perfecta? Sin la gracia de Dios, NO. Puedo hacer algunas cosas mínimas, pero un acto de virtud que se haga en contemplación del fin último que es Dios, que es propiamente un acto de virtud; no lo puedo hacer sino por la gracia de Dios. Porque a Dios no puedo llegar sino es por Dios.
Entonces ¿Puedo gobernarme a mí mismo para llegar al fin propio? NO. Necesito la gracia de Dios, que es la vida de Cristo en mí mismo, que me mueve de dentro como a un instrumento (como mueve al cincel el Artista). ¿Y gobernar a los otros? Pues menos.
¿Puede haber una sociedad perfecta? (en el sentido de tener todo lo que se necesita para la realización finalística de sus componentes - no en el sentido de ser maravillosa-), ¡SI! La Iglesia. ¿Y la sociedad civil? Y si es parte de la Iglesia, SI. Y si no lo es, NO.Pero lo es.
Entonces, dirán ustedes, por qué se dice que la sociedad organizada es una “sociedad perfecta”, y… porque puede serlo al quedar conformada como Iglesia, por la Iglesia y dentro de la Iglesia. Porque no es otra cosa distinta, está llamada a ser una misma cosa.
Paremos un poco y volvamos. El naturalismo católico pone el acento en la LIBERTAD y el tradicionalismo en la AUTORIDAD. ¡Y AMBOS CON UN ARGUMENTO “TEOLÓGICO”! Pero en el caso del naturalismo, errado. Aunque ellos digan que los errados somos nosotros por acentuar la autoridad y dejar de lado la libertad.  Y aunque ya dijimos que no es posible la libertad sin un aporte de la gracia de Dios,  el tema en cuestión es primeramente ¿cuál usó Santo Tomás? Y lo digo sin más vuelta: el de AUTORIDAD. Y más fuerte que San Agustín, no en cuanto el ejercicio de una “potestad” más directa, sino de una autoridad más moral.
Ahora bien, si el hombre no necesita para hacer la sociedad política el ser parte de la Iglesia de Cristo, si puede buscar la “virtud” con independencia de la Iglesia, si tiene un fin propio… pues la legitimidad del orden político no puede ser juzgada por la Iglesia, ni puede depender de que sea parte de esa Iglesia. Y entonces ¿cuál es el criterio de legitimidad? Y debo confesarles que se hace muy difícil de definir; el “bien común”, la “virtud”, etc., pero ninguna de estas es posible en su totalidad y perfección sin la gracia de Dios. Entonces… con el argumento esgrimido por el naturalismo católico, en realidad, tenemos que concluir a la fuerza, nos guste o no, que el bien más grande del hombre, el que debe buscar la sociedad política, debe ser sin más, LA LIBERTAD.  Y aunque le dan mil vueltas, y salen con lo de libertinaje y otras piruetas, la conclusión es esta. Y esto se llama “liberalismo”, acá y en la china. Aunque no lo concluyan, dieron el paso.
Y “entraron”. El naturalismo es un entrismo filosófico. Llamado a discurrir sobre lo político desde el pensamiento natural y sin posibilidades de recurrir al argumento sobrenatural. Ya lo habían hecho en filosofía al independizarla de la teología. Y la conclusión lógica de todo esto es que Dios quiso que nuestro valor humano fundamental sea la libertad desde la cual lo elegimos, y no que sea la obediencia a su autoridad desde la cual Él nos ilumina.
Yo, pensador católico naturalista, voy a entrar a la mesa de diálogo con los demás naturalismos, buscando la “virtud” donde otros buscan lo “económico”, pero todos bajo el lema de que tenemos que tener libertad, principalmente libertad con respecto al criterio de “autoridad”, que se resume así: que la Iglesia “sabe”, por revelación y por asistencia del Espíritu Santo, cual es el Bien. Y los demás no lo saben, ni lo pueden llegar a saber nunca si Dios mismo no se los revela por un acto gratuito, sin merecimiento (y aquí no podemos decir sin más – sin libertad – porque este acto donado es el que permite ejercer la libertad) ¡Es un misterio!
Y más aún, que ese don gratuito, Dios no lo dispensa al hombre si no es por medio de su Iglesia. (Tomá pa vos y Lutero).
Por ello el naturalismo, es un entrismo. Entrismo filosófico. Que permite el entrismo político. Porque si los gobiernos del mundo, están en libertad buscando su bien propio, pues es legítimo que lo hagan de la forma que en buena fe entiendan, y yo debo ayudarlos y colaborar en mostrar a las inteligencias cuál es ese bien propio, que puede ser un “orden natural” o un orden de virtud (justicia, etc.). Porque si me ato al argumento de autoridad, estoy embromado, depongo la libertad (mejor dicho la subordino a un acto de gracia previo) y tengo que concluir que sin clara subordinación a la Verdad Revelada y a la Acción magisterial de la Iglesia (cosa que sólo puedo lograr por un acto gratuito de Dios), no hay legitimidad posible; y entonces tengo que juzgar a estos gobiernos, como se juzgaba a los gobiernos de infieles. Y a la sociedad que surge de ellos, como antisociedad, como anticristiana y como maligna. Sociedad y gobierno que tendré que “tolerar” en la medida que no puedo cambiar.
Esta es la línea divisoria que marca el libro del P. Devillers con el prólogo de Ayuso. Este es el “error” que se señala. Y este era el curso de desviación del artículo de Ullate Favo, que según él mismo dijo, apareció por casualidad en medio de una discusión, y alguien lo trajo como argumento en favor de Ayuso. En buen tino, ahora veo, Ullate lo retiró porque no quería ser parte de esa contienda. Probablemente porque él tiene sus diferencias tanto con uno como con otro, y no quería pasar a formar parte de un bando a la fuerza. Perfecto.
Espero haber aclarado algo.

viernes, 19 de febrero de 2016

INFOCAÓTICA: PREGUNTAS PARA RESOLVER UN ENIGMA.





¿Porqué desapareció el último artículo de Infocaótica?

   El último artículo de Infocaótica había sido un aporte de Ullate Favo, y se refería al “Agustinismo Político”. Sin duda alguna el artículo pretendía refutar la posición antinaturalista y antientrista que se había expresado en Los Cocodrilos del Foso. Me consta porque el mismo Favo nos envió un comentario citando este artículo del conocido blog y expresando su apoyo incondicional al inefable Miguel Ayuso que parece habíamos maltratado. Pretendía así mismo contradecir la obra del P. Devillers sobre Política Cristiana.

   Dicho artículo provocó muchos comentarios, y los lectores de Infocaótica, aun sin ser avisados, se dieron cuenta de que se trataba de eso, es decir de una respuesta a nuestra expresa posición. Y sacaron a relucir nuestra existencia y parte de nuestros argumentos. Avisado de esta situación, me presenté y aclaré los errores del artículo de Favo y expresé nuestra posición.

   El comentario nuestro se publicó por unas horas y luego ….despareció todo. Se borró el artículo y todos los comentarios.

   La pregunta es ¿Por qué?
¿Será porque se dieron cuenta que todo estaba mal?
¿Será porque hay una decisión de que Los Cocodrilos del Foso no exista? ¿Que sus argumentos no se escuchen y que sus razones no se pongan en conocimiento de los lectores?
   
   Estamos acostumbrados a que nos hagan desaparecer, pues resultamos incómodos. No lo queremos creer de Infocaótica con los que no hemos tenido problema alguno. Pero …
Nos gustaría que alguien nos resuelva este enigma antes de suponer.

JUDAS DE KARIOTH

  Judas era originario de Karioth (is-cariote), un pueblo pequeño cerca del actual Hebrón en plena Judea. Era el único judío de los doce (lo que no es para dar de comer a racistas, ya que no eran diferencias de razas lo que separaba a Galileos, sino cuestión de naciones. Aunque anda rondando una versión de que los galileos eran celtas – por la raíz gal, como gallegos y galeses. Y entonces dicen que Cristo era celta y no semita… en fin, esto me lo trajo un amigo nazi que ya murió y que manejaba papeles “secretos” y que aunque no quería a Cristo por consejo de Nietzsche, pues hubiera preferido que fuera celta). El asunto de la nacionalidad y el nacionalismo, sin embargo tendrá su peso hacia el final de su desventura.

 No sabemos las circunstancias en que fue llamado por Cristo al Apostolado - en otros ha quedado la anécdota que suele ser muy significativa, pero no en todos–lo que sí sabemos es que fue llamado: “¿no os escogí Yo a los doce?” dice Cristo.
De aquellos tres intensos años de la vida pública, en los dos primeros podemos afirmar que Judas fue uno más de entre los doce; con la misma amistad y llevando igual vida y vicisitudes. Con sus defectos, tantos como los otros. En retrospectiva y sabiendo el final, podemos inferir que era peor, podemos ver su ambición política o los rastros de su avaricia anunciando su traición, pero no fueron menos las faltas en sus compañeros; la intolerancia de Juan (“Señor… no quieren recibirnos en ese pueblo ¡Haz que les llueva fuego!), o la ambición de Santiago y su madre haciendo lobby para ser nombrado como primado en lugar de Pedro;  la inconstancia de Pedro que siempre está entre que quiere zafar y quiere ser héroe,   o la pusilanimidad de Tomás (si no toco, no creo).  Hombres al fin, jugarían junto a Cristo y libremente, el derrotero de sus elecciones.
Judas sin duda alguna era uno más de ellos, amado por el Señor, y que durante esos años realizó predicaciones, probablemente curaciones y exorcismos. Cristo lo llamó para que fuera su Apóstol, no para que se perdiera. Sin duda alguna, y por el hecho mismo de su nacionalismo judío, Judas deseaba como buen ciudadano y legítimamente,  la restauración de su Patria. ¿Les suena? Como cualquiera de nosotros respecto a la nuestra. Conoció al Maestro y vio en Él todas las condiciones para lograrlo. Ya se imaginaba que con todo ese poder y esa pureza, Israel se iba a levantar entre las Naciones como un faro para el mundo.
Todo jugador político entiende la importancia de la bolsa en todos estos proyectos y él se la tomaba en serio. Podemos fácilmente ver en su vocación de tesorero el anuncio de su maldad, pero mal haríamos juicio de todos los tesoreros de la historia, que los ha habido buenos y muy buenos. Eso sí, dentro del entusiasmo y aún dentro de la avaricia, que repito no se daba en mayor medida que se daban en otros de sus pares los defectos (parece que Bartolomé era el más prolijo, recibiendo de Cristo uno de los piropos más hermosos del Evangelio “He aquí un hijo de Israel, en quien no hay falsedad alguna”. Y eso que era medio tilingo; le gustaba la elegancia en el vestir y cultivaba la ironía en el hablar, hasta usaba un prendedor de lujo en su túnica, lo que me hace acordar a Anzoátegui que decía, “ser tilingo no es un pecado, salvo que se sea solamente un tilingo).Dentro de todo esto, decíamos, debía haber en Judas además de esos defectos que todos tenemos, un sesgo amargo, una cierta acidez agazapada en los pliegues de su alma,  que siempre está en la historia de los suicidas.
Iniciando el tercer año de vida pública, se produce un hecho fundamental para los seguidores de Jesús. Se llega al ápice del entusiasmo y el “movimiento” comienza a dar réditos en enrolamiento. Cinco mil varones y sus familias se han juntado y lo siguen dejando sus casas y sus cosas, y Cristo produce el hecho que habrían soñado poder hacer todos los políticos del mundo. ¡Multiplica la comida!
Aquel día de la multiplicación de los panes, los seguidores querían coronarlo Rey. ¡Cristo Rey! ¡Cristo Rey!  Ni pensar en el entusiasmo de todos; veían venir los días de la victoria y de la revancha, de la abundancia y de la paz. La restauración de Israel se perfilaba llena de buenos augurios y el entusiasmo los embargaba sobre una causa que no podía ser mejor, ¡no podía ser más buena! ¡Y qué jefe! El plan de salud y alimentación estaban asegurados, curaba y repartía comida con milagros.
Pero al otro día… en la Sinagoga de Cafarnaúm; de manera impensable, cuando querían coronarlo, Cristo rechazaba la corona. No hay más de estos panes para la multitud, en adelante  “el pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo”. ¡¡¡Queeé!!! Estampida general. Muchos de los seguidores “se volvieron y ya no anduvieron con Él”. Entonces Cristo preguntó a los doce: “¿Queréis vosotros también marcharos?” y Pedro tomando la palabra, contesta en dos frases: “Señor ¿y a quién iremos?”, y en esta primera expresaba la perplejidad de todos. Ya se habían jugado, no les quedaba otra carta. Y va la segunda que sí sale del buen corazón de Pedro: “Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”.
Probablemente no fue esta segunda la que firmara Judas, pero sí la primera. ¿A dónde iré? El proyecto político caía por tierra y él estaba jugado y sin fichas,  señalado, reconocido dentro de los principales del intento golpista (no era tan fácil como ahora cambiar de monta y de partido), ni Herodes ni el Sanedrín iban a dejar pasar la cosa como si nada fuera. Y allí nació el dictado de una cínica avaricia, que si buscamos hoy, es muy típico. Si estoy embromado, y esto no sale, veremos si por lo menos lleno la bolsa mientras voy buscando salida. Es la historia de muchos hoy; el proyecto se frustra, por lo menos me lleno de plata, asunto que en un carácter cínico y alegre se transforma en un pillo de comedia. (En “Enrique V”, cuando el Rey deja que cuelguen a su viejo amigo de correrías – Bardolfo -  por haber robado los vasos de una iglesia, el otro pillo - no recuerdo si era Nym o Pistola - se dice: “No sé trabajar; ya no se puede robar… pues tendré que hacerme alcahuete” y esta es una de las buenas salidas que vemos a menudo en nuestro mundo).
Pero Judas no era para eso. Una enorme amargura lo atenazaba, una frustración de la oportunidad perdida por este “sobrenaturalista” lo amargaba, en el que había jugado su destino y puesto sus esperanzas más egregias. ¡Qué desperdicio! Ya más adelante diría lo mismo cuando lo del perfume derramado por la Magdalena ¡Qué desperdicio!, pero ahora desde la avaricia, que es lo que queda cuando se frustra la ambición (¡eran trescientos denarios! Muchísima plata. Piensen que luego lo vendería a Él por sólo treinta, que eran más o menos treinta sueldos mínimos).
 ¿Cuántas vocaciones políticas hechas y derechas vemos recorrer este mismo camino? Ma sí, ya que estoy y todo esto se fue al tacho, me forro y me cisco en todos, pero con amargura (salvo la patrona que espera ansiosa la viudez para disfrutar ya libre del amargado. Y parece que esto se dio también en Judas que pasaba lo birlado a su señora). De allí en más, entendemos que hay que abandonar la teoría de que Judas buscó en su traición hacer “reaccionar” al Maestro. Lo conocía bien, nada lo iba a sacar de su camino, su lenguaje cada vez era más funesto, hablaba de muerte, se retiraba a rezar. Allí comienza a faltar en la bolsa, de poco a poco, y a amargarse la vida. ¡Maldito sea! ¿Quién lo entiende a este Hombre? Estaba todo listo ¡¿y nos sale con esta?!
 Judas no podía entender por qué no se lanzaba a la “acción”. Sólo se explicaba en una especie de vicioso funambulismo que atacaba al Señor. Se replegaba en pensamientos funestos cuando ya se había estado a las mismas puertas del éxito.
Ya está todo perdido, de última, saquemos los últimos treinta denarios y hagamos un favor para que no nos persigan (los treinta no era mucho para lo que había juntado, pero entre gente mala es necesario que haya trueque, que los dos se ensucien un poco y así confían. Nada de que alguno se haga el puro). Además, de una u otra manera esto iba a ocurrir, Él marcha ciego buscando su perdición; aprovechemos, ¿qué tiene de malo? Lo mismo sucederá conmigo o sin mí. Se debilitó. Ma sí…(Su función era importante desde el punto de vista de las formalidades del “proceso” – abogados pensando – ya que consistía en la “identificación” del reo, no existían los DNI ni las huellas dactilares, la identificación tenía que ser por un vecino – judío de la nación- que diera fe de su conocimiento. En este caso con un beso)
¿Pero qué fue de mí? Se preguntaba.  De ese muchacho y de ese hombre que quería salvar su Patria, lleno de sueños y proyectos. De generosa entrega. Al fin el único testigo de lo que pude ser y no fui,  era ese Hombre al que he traicionado. ¿Qué me queda? ¿El tragar amargo las viandas de mi torpe riqueza? ¿Arruinarle la vida a los míos con esta nube nefasta que me sigue? Mejor me cuelgo de un palo.
Claro, no sólo él, sino también los otros lo pensaron. Pero… ¡era tan amable!¡Tan dulce y hermoso! “Tú tienes palabras de vida eterna”, y no pienso estar en otro lado que contigo, pegue por donde pegue. Después de todo; yo no era más que un simple pescador. Valió la aventura y valió el conocerlo y estar a su lado.
¿Es que Cristo no quería la restauración de su Patria? Si, por supuesto. ¿Es que la política le daba un higo? No, de ninguna manera. Es que había una tarea primordial que sólo Él podía hacer. Había que pagar la deuda acumulada. Había que expiar. Primero. Había que reparar lo mal hecho. Bajar a los infiernos. Luego si querían los hombres restaurar sus patrias, podrían.
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Este es todo el secreto de los proyectos políticos, tras los cuales nos espera la pícara comedia o la amarga tragedia. No se trata de una acción oportuna a partir de lo que hay. Hay que pagar primero y hay que expiar los pecados propios y los de la Nación que amamos. Ellos constituyen una carga de mal y de torpeza que hacen irremontable cualquier proyecto. ¿Qué cara hubiera puesto Judas si el Señor le dijera?… paciencia… lo que quieres se dará, por un rato, en unos diez siglos. Pero hoy te puedo dar la vida eterna. Y lo otro, esa patria cristiana, más después,lo mismo se deshará. Se deshará cuando el hombre quiera accionar sin reparar, sin expiar.
 Llegará el nefasto día en que los hombres falsificarán mi doctrina, y dirán que no hay nada que expiar. Que mi Padre es pura misericordia y que no exige la justicia reparadora. Que los hombres falsificarán el tesoro de la Misa y ya no será más expiatoria de sus pecados, sólo un ir hacia adelante, una comida gratis, sin precio. Acumulando sus torpezas que harán fracasar todas sus empresas. Cuando la sola mención de las “deudas” se haga insoportable.
 El Anticristo será un gran condonador de los títulos de deuda, dejando que la infamia siga su curso destructor. Impidiendo que nadie repare el entuerto. Los precursores del Anticristo regalarán perdones y misericordias. (Sinceramente creo que el Anticristo, cuando asuma el gobierno mundial, condonará todas las deudas externas de los países – que no son otra cosa que intereses escritos en un papel - y será aclamado y vendrá un tiempo de gran mejoría económica).
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El eje de la doctrina del gran teólogo de Tubinga, Joseph Ratzinger, es hacer caducar el concepto de expiación. Remito a la obra de Mons. Tissier para ahorrarles citas. Este principio es el eje que sostiene todo el Concilio Vaticano II que es quien prohíja este desahogo de los “títulos de deuda” y quién inicia el festejo de “acción de gracias”– en forma exclusiva en el Novus Ordo -  por esta generosa condonación que creen necesaria para avanzar sin rencillas. Este es el que troca los deberes en derechos, festejando este acierto de la Modernidad.
Por ello habrá mucho que expiar. Quienes crean que se puede olvidar y perdonar, sin necesidad de volver a desdecirse de esa horrorosa mentira, de reparar esa monstruosa falacia, sólo construye sobre arena y hecha cenizas sobre su cabeza. Quien pretenda de allí partir como de un mal entendido, para buscar un “nuevo paradigma”, y que no entiende qué hacen esos tipos atascados en la vieja liturgia, en comunidades “expiatorias” (o sacrificiales diría Calmel) con rezos y procesiones, en vez de “accionar” sin quedarse plantados en una discusión sin mayor importancia; pues esos, Dios los libre de la amargura, del psiquiatra y de la soga.
Esos  que creen que corresponde hablar de Cristo Rey, sin recordar que previo a recibir su corona, estaba Cristo Víctima, y que no hay Patria ni vida personal alguna que no exija el pago del pecado en dura moneda de sufrimiento, en claras medidas de reparación del mal hecho. En el ofrecimiento de esa Víctima en el Santo Sacrificio de la Misa. Pues esos, comienzan a cometer el error de Judas. Y sin duda hoy caminan con los otros, predican, curan y exorcizan, llenos de entusiasmo en sus proyectos restauradores, hasta que Cristo los defraude y los desilusione, pidiéndoles que como Él, vuelvan a reparar lo hecho. A desdecirse de sus mentiras y falacias, a devolver lo hurtado, para que la mentira no sea el poder de sanación de un perdón falso que deja incólume la obra destructora del maldito.


miércoles, 17 de febrero de 2016

CATOLICISMO: DEL ORDEN A LA HISTERIA.


Por Dardo Juan Calderón

Cuando los pueblos desaparecieron para conformar eso que llamamos “masa”, es decir ese conjunto de hombres sin historia, sin familia, sin lazos ni intereses concretos y  a los que mueve un aparato publicitario azuzando sus peores tendencias; es decir, cuando los pueblos dejaron de ser “Iglesia” y ya no fueron convocados a un esfuerzo elevador, sino que fueron lanzados en una pendiente de manipulación de los vicios… el católico dejó de ser pueblo y trató de no ser masa.

 La Iglesia ya no fue “un pueblo”, pasando a ser un aparto administrativo de la religión que se agota en la curia y, que compite con los poderes políticos y económicos en la tarea de arriar esa marejada de sensaciones que es el hombre moderno. Tarea en la que va quedando evidentemente rezagada frente a las quimeras irresponsables y dañinas que sin ningún tapujo se van vendiendo desde las empresas políticas y las empresas comerciales, hasta que con el Concilio Vaticano II se despoja de la vergüenza y sale a la competencia comercial de sueños de consumo, con el problema de que sus ofertas se ven siempre como los escaparates de esas tiendas de pueblo, pasadas de moda y con los vidrios sucios, que muestran una lenceríademodé que se usaba el año pasado en la citi.

El católico de a pié, ya no era parte de nada, ni del pueblo que feneció, ni de la masa que se entrega con gusto a los vientos de la seducción, ni de la Iglesia que se agota en el aparato administrativo de la curia. Necesitaba un lugar donde recalar y necesitaba además un argumento de justificación, y lo encontró en aquel lugar que la revolución inventó para amortiguar el vértigo continuo de los cambios: la burocracia. Y el argumento fue: El Orden.Un orden posible.

No hace falta ser un especialista para saber que la burocracia es un fenómeno que el bonapartismo creó para amortiguar el efecto anárquico de la etapa del terror. Con Luis XVI había quince policías en París, y a los pocos años ya pasaban de cuatro mil. La legislación se transformó en un monstruo farragoso para uso exclusivo de los especialistas con sus códigos y regulaciones infinitas. Fouché fue el ejemplo del burócrata y por supuesto, fue el factor principal que luego, prohijó la caída de Napoleón.

Un nuevo poder se establecía con el burócrata, que en sus intrincados manejos se convertía en el “mal necesario” del político que ya había perdido todo contacto espiritual con su pueblo, pero que a la vez lo amenazaba con volvérsele en contra. Un aparato más o menos anónimo, lleno de monjes negros, que digería con tiempos de víbora  los reclamos que se hacían hacia arriba, y debilitaba las políticas que se hacían hacia abajo.  Desde el tradicional concepto de que era Dios y su Iglesia quienes ponían coto al poder cuando se desmadraba y coto al pueblo cuando se desaforaba, basados en un orden divino; vinimos a este engendro que con el único título de ser el traductor e intermediario infiel de los reclamos de ambosbandos, que ya no eran “un pueblo”,  sino dos compartimientos estancos, donde el gobierno era un iluminado que llevaba al mundo hacia destinos futuros inconcebibles por el vulgo, y el vulgo tenía como único termómetro su panza y su bragueta para ser llevados; la burocracia fungía  como estamento moderador a base de un “orden” sin proyectos ni fines, sino confeccionado a fuerzas de escollos “razonables y científicos” que amortiguaban con morosidad los ímpetus de ambos bandos, conformando una especie de síntesis política, que en muchos casos y durante mucho tiempo, fueron el verdadero poder (para rabia de los tiranos y odio del pueblo).

El católico, impedido por formación de carácter para ser el empresario capitalista, e impedido por las ideas reinantes de ser la cabeza gobernante, se ubicó en este estamento de la burocracia profesional y gerencial, para ser el moderador y el “Katejon” de una debacle que se cernía sin remedio sobre los pueblos. Para ello, esa burocracia debía conformar una idea de “orden” que no fuera la vieja, chocante y tradicional idea religiosa del ancién regime, sino un concepto que pudiera prescindir de la mención a Dios y que se fundara en argumentos puramente racionales y científicos, aunque, debo admitir, con la propiedad de ser permeables a fundamentos religiosos en forma inadvertida por los urgido gobernantes reformistas y los alelados hombres de la masa. Un naturalismo estratégico.

En la Iglesia pasó algo muy parecido. Frente a la demanda de quimeras del mundo, sus jefes debían tomar un tono “progresista” y se confiaba en la burocracia curial para poner coto y equilibrio a este nuevo juego de seducción y proselitismo hacia los fieles. (Ratzinger era un burócrata, y no pudo durar como Papa).  Esa burocracia curial era la continuidad, y las jefaturas el progreso. Los fieles ya no eran personas concretas y ni siquiera Iglesia, sino una especie de electorado anónimo y nómade que daban sustento a la existencia de la organización, sin formar ya parte de ella. Que aparecen cada tanto - como la masa en las elecciones democráticas – en alguna manifestación con ocasión de un viaje papal y se contabilizan al bulto.

La ubicación del católico de religión era en alguna de estas dos burocracias (la política o la Vaticana), dejando a las jefaturas en lo anecdótico. “El funcionario permanece y los jefes cambian`” fue la consigna de los panzudos conservadores. La burocracia era la nueva Iglesia y el nuevo Dios, ya que estas eran las moderadoras de las concupiscencias de ambos bandos, no ya bajo razones teológicas, sino por razones de un orden sostenible, razonable y científico, que era impuesto necesariamente para que la fiesta pueda seguir, para que el tránsito no choque. Su religión era un “orden”, que ya consistía en mantener un estado de cosas y no en buscar un fin. Se entendía como una actitud “conservadora” – lo que se suponía cercano a la ortodoxia- y no se quería ver su verdadera raíz revolucionaria, como bienla señala Rubén Calderón Bouchet en su libro sobre el Conservadorismo Anglosajón, y lo pinta Gómez Dávila en una de sus contundentes frases “La actitud revolucionaria de la juventud moderna es inequívoca prueba de aptitud para la carrera administrativa. Las revoluciones son perfectas incubadoras de burócratas.”

A partir de esto, el catolicismo construyó la idea de un “orden natural” que pudiera prescindir de la mención a Dios y,  sobre bases razonables y científicas fundar la razón de una burocracia  laica, pero permeable a las ideas teológicas en la sola idea de orden natural. Para Nietzsche esto era suficiente, nos decía “Dios muere en la medida en que el saber ya no tiene necesidad de llegar a las causas últimas, en que el hombre ya no necesita creerse un alma inmortal. Dios muere porque se lo debe negar en nombre del mismo imperativo de verdad - que siempre se presentó como su ley - y con esto pierde también sentido el imperativo de la verdad y, en última instancia, esto ocurre porque las condiciones de existencia son ahora menos violentas, y por lo tanto, menos patéticas. Aquí, en esta acentuación del carácter superfluo de los valores últimos, está la raíz del nihilismo consumado.” (Citado por: Vattimo Gianni, “El fin de la modernidad”). La reflexión jurídica de los burócratas católicos “ya no tiene necesidad de llegar a las causas últimas”, se contenta con una reflexión sobre el fin próximoo inmanente y se pospone la reflexión sobre el fin último, que resta como “superfluo”. Cosas de curitas. “Esta es la raíz del nihilismo consumado”. Como bien se dice en la cita, no hace falta más para conformar una apostasía.

 El catolicismo, con la pirueta del orden natural, transcurría el mismo camino que la filosofía moderna al hacer posible un orden sin la mención de su causa fin última,  y basado o fundado  en“valores” intermedios que pretendían preñados de valores cristianos y que en algún momento harían permeable para el hombre los valores trascendentales. Estos valores intermedios que fueron y son el eje de una “gobernabilidad humana”, como aquellos principios de política social que un manejo de la doctrina social de la Iglesia convirtió en fundamentos únicos “mostrables” ( subsidiariedad, etc) y que luego fueron virando hacia el planteo de  los derechos humanos, los derechos de la mujer, los derechos del consumidor, la ecología y muchos otros, que pretendieron y pretenden ser bautizados como posibles “conductores ocultos” de un cristianismo silenciado. Si no son expresamente la misma “muerte de Dios” que Nietzsche declaraba, son por lo menos una mordaza puesta a la Palabra que lleva más años de los que la estrategia católica pensaba y que, finalmente han culminado en una “ausencia de Dios” que tiene los mismos efectos.

Al católico de hoy no se le ocurre ninguna otra actividad que no sea la burocracia. Esta es la nueva Iglesia y los valores defendibles son los “valores intermedios” de esta nueva Iglesia. Valores que tienen un particular efecto más apropiado que los viejos valores cristianos: aquellos no eran negociables y producían este efecto violento y patético que señala el autor citado. Los nuevos valores, por ser intermedios y desasidos, son valores de cambio, son valores negociables, son “conversables”. El término no es mío, lo de “valores de cambio” no recuerdo por quién fue acuñado, pero da la clave del economicismo que de fondo tiñe las nuevas posturas.

Al católico actual no se le da un tesoro que debe proteger contra viento y marea y aún a pesar de su propia vida o de su confort. Se le dan valores de cambio, se le da una fortuna de tipo dineraria, fungible, para negociar, para intercambiar, para comerciar. No tiene una obligación fija y perenne; tiene derechos para hacer valer en un trueque. Se le dan una serie de elementos de cambio con los que tiene que negociar su subsistencia como católico en medio de un mundo pluralista, y la burocracia católica defiende que dichos valores de cambio no se deprecien, como se cuida la moneda de un país frente al sistema monetario mundial. En el mundo de los valores se trata de imponer la existencia de algunos valores cristianos que compiten en el mercado. El “derecho a la vida” es el esencial. El nuevo estado y la nueva Iglesia, entregan sus destinos a los aventureros, pero confían en que una férrea burocracia asentada en principios liberales defienda aquellos valores de cambio, que bien administrados, suponen la posibilidad de reencontrar el rumbo, o por lo menos sobrevivir.

Miren a su alrededor, sus amigos y parientes católicos, y verán que muchos de ellos bregan con denuedo por pertenecer a la burocracia para poder ejercer un apostolado que consiste en sostener algunos valores intermedios, para poder obstaculizar el mal, en un proceso que delento retroceso se va transformando en una desordenada retirada. Esta es la nueva Iglesia. Vean los curitas católicos, luchando por mantenerse o acceder a  la burocracia vaticana, por los mismos objetivos. ¿Qué tienen en sus manos? ¿La Verdad Cristiana? No, ella es “patética y violenta” como decía el alemán, es para otra época. Tienen “valores” de orden, de un orden natural que suponen “acabado en si mismo” sin necesidad de referencia a un orden sobrenatural, aunque – esta es la excusa- permeable a ese orden sobrenatural por su intrínseca razonabilidad, pero que se difiere en la consideración pública. Tomarán los derechos humanos y otros elementos de cambio que la sociedad moderna les entrega, y negociarán. Ya no son pueblo, ni son Iglesia, ni quieren ser masa: son vocacionalmente burócratas.

Ahora bien, ¿porqué histéricos?. Porque toda felicidad tiene un fin. Ser abogado hace cien años era un pasaje para la fortuna. Ahora hay cien millones. Y muchos eficientes. La clase profesional y gerencial tiene una enorme competencia  y ya el poder, produciendo estos bichos a montones;aunque en cierta medida sigue preso del efecto conservador que esta calaña produce por sí mismo, ha ido doblegando la fiereza de sobrevivientes de la burocracia para hacer una corte de alcahuetes mejor o peor pagos, cuya mayor y casi exclusiva  actividad es la de mantenerse en el puesto y en el salario – ya casi sin posibilidad de lograr ni los fines intermedios – y en lo que agotan sus últimos esfuerzos de derrotados. Para neutralizar su eficacia conservadora los ha multiplicado y los ha lanzado unos contra los otros.  Porque ya, esa burocracia que fuera un bloque,  no se defienden entre ellos,  si no que, en la medida que pueden se denuncian y defenestran para hacer un poco de lugar en aquel dulce infierno. Sus mejores logros son la obtención de algunos pequeños triunfos en valores cada vez más banales, que se cuenten en el haber de un patrimonio para un trueque cada vez más anodino y perdidoso.

En fin, estos posmodernos me están convenciendo del tan remanido argumento lacaniano que se consagrara para el vulgo burgués y semiculto en la novela de Kazantzakis y su posterior llevada al cine – “La última tentación de Cristo” - sobre el hecho de que “no hay un mejor camino hacia al ateísmo que el cristianismo”. Para ellos el símbolo cristiano de la Cruz, es el de un Dios que se hace matar para hacernos el don de que su muerte se haga evidente a nuestros ojos y sepamos que estamos solos, que Él dejó de existir. De un Cristo que cuando toma conciencia de que es el Hijo de Dios, se hace matar para liberarnos - no del pecado - sino de sí mismo, de su tutela, y así dejarnos por fin libres.

De igual manera el catolicismo actual (me refiero al “mejor”) ha preferido un Dios silenciado, que ya escamoteado  nos evite la violencia y el patetismo de las posiciones irreductibles. Es el cristianismo de Carl Schmidt: el katejon burocrático (que fuera una vergüenza de los viejos fascistas y que hoy se transforma en paradigma para algunos “estudiosos”). 

Sin embargo, el católico no logra conformarse del todo a esta muerte y a este olvido de Dios. Como la mujer liberada - a la que su hombre no conforma ni posee de verdad como desde su fondo vital querría -va a caer en el  histerismo de la inseguridad, del enajenamiento propio y la ausencia del “otro”. Vean que el camino obligado de una feminista es hacia el histerismo (en la película “Las cincuenta sombras de Grey” la mujer liberada, goza del sadismo del hombre y millones de mujeres feministas hacen cola en el cine para verlo); ya que  en ese fondo vital -  ahora pervertido -luego del acto de liberación…quieren que su macho les pegue. La llamada “violencia de género” estalla por todos lados, porque en el fondo (y no tan en el fondo) la feminista la reclama. Y el católico actual quiere librarse de Dios, por un rato, hasta terminar la negociación, pero en el fondo se siente un tanto traidor y culpable, y no pudiendo acercarse él por sus compromisos y ataduras, quiere que Dios haga el movimiento, que vengay que le pegue,  y atrae su desgracia.

Burócratas histéricos. Defendiendo un orden que se hace cada vez más banal. Esgrimiendo valores negociables. Intentando hacer alguna cosa en el mínimo tiempo que le deja el esfuerzo por mantenerse en la silla. Pero, en el fondo, reclamando un castigo que desde su inconsciente supone que merece y, que los amarga. El católico reclama su libertad y reclama un castigo por ella.

Sin embargo, todo el secreto era el de una amistad corajuda, el de un amor valiente que se nutre cada día en la relación y se siente capaz de enfrentar tanto lo cotidiano como la encrucijada de hierro, y que espera el premio del amor. El castigo es para los “malos”. Pero hoy lo reclamamos para nosotros, como efecto despertador, como efecto necesario para retomar una conducta de la que nos reconocemos incapaces por otra vía que no sea la del golpe.

Hoy para esta catolicidad, la gran esperanza son los burócratas. En la Iglesia se espera de los viejos cardenales y obispos de la burocracia vaticana que dejaron la Verdad, pero que defienden “valores” tradicionales desgajados del tronco. En lo social, el “honesto funcionario” y el “intelectual católico”  del derecho que rige esa burocracia, se permiten que Dios haya sido olvidado en lo político, porque con ello logranllevar leche y remedios a los niños desamparados, o quese realicen congresos para que el derecho a la libertad de expresión tenga límites, y nos dejen hablar del “orden natural” sin tener que escuchar blasfemias; en que la negociación se transa en que “yo no hablo de Dios y tú no lo insultas”, a lo que los otros responden “tú me provocas” y blasfeman más alto. Todos ellos amargados, esperando que una desgracia mandada del cielo les redima, porque no saben ni pueden ser “amigos” hasta que las cosas se ponen muy feas, porque esperan reaccionar sólo cuando las cosas se pongan muy feas,  pero  ¿y si a pesar de eso sigo sin responder?. ¿Y si sólo soy un desgraciado?  


Hoy ser católico es una fuente de histerismo, de depresiones, de calamidades del temperamento, de proyectos impotentes, de derrota contenida y retiros estratégicos. Las nuevas generaciones, las juventudes, no van a soportar esta tristeza y esta sed de desgracia. Van a abandonar la fe en defensa propia, y lo están haciendo en legión porque la fe de sus mayores es una desgracia que no quieren heredar. Sus madres cumplen malamente con cara de atormentadas y sus padres apenas si ocultan su fracaso, ninguno de los dos pueden ocultar que están esperando un cataclismo – de cualquier especie – para volver a ser heroicos. Porque no pueden ser normales.