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lunes, 24 de julio de 2017

¿ULTRAMONTANISMO? ¿QUÉ ES?

Resultado de imagen para pio ix imágenPor Dardo Juan Calderón. 

   Hace un tiempo atrás en esta página nos quejábamos de la mala costumbre de usar términos y palabras que están ganadas en su significación por la ideología o que han sido forjadas por el enemigo. Que han pasado al uso común y que muchas veces las usamos sin plena conciencia de que la ambigüedad que contienen, pone en nuestras bocas términos que suenan muy diferentes en los oídos de los demás y van demoliendo los verdaderos significados aunque ello no esté en nuestra intención.

   La Iglesia tenía una lengua decantada que evitaba estos males, y había adoptado una filosofía y una lógica, que le obligaba a definir estrictamente las palabras que usaba. El embate ideológico lo primero que destruyó es este lenguaje y esta filosofía, propagando sus formas entre poéticas y difusas, que se convirtieron en el lenguaje común del mundo universitario. El católico de la modernidad se vio en el dilema de tener que adoptar este lenguaje para seguir estando en esos ruedos, o el de continuar con lo suyo y ya no ser escuchado por “nadie”.
   Las razones esgrimidas para la adopción de un lenguaje ambiguo fueron las del “apostolado”, si íbamos a hacer apostolado en la modernidad, pues había que aprender a usar su lenguaje como había que aprender el bantú si queríamos apostolado en esos pueblos. No voy a alargarme en este tema archisabido y recontratratado que derivó en la actual babel que habitamos. Una anécdota no más; cuando la toma de Granada se discutió si traducir una Biblia al árabe para evangelizar a los moros, y Mons. Hernando de Talavera dijo NO, que aprendan latín. Eran viejos sabios.
   Yo me quejaba en aquella ocasión por el uso de términos en sentido peyorativo, que venidos del protestantismo, habían sido adoptados por nosotros para referirnos a derivas erróneas, como por ejemplo: el jesuitismo. Decíamos allí que algo tan bueno como San Ignacio y la Orden Jesuita, se teñía de maldad al usar este término. Me podrán decir que hay que usarlo con las debidas aclaraciones, pero sigo pensando que es mejor no usarlo, y buscar otras formas para designar esas corrupciones, formas que de ninguna manera toquen el Dulce nombre de Jesús, ni empañen la figura del santo y de su magnífica obra.
    Como no soy ingenuo, sino más bien malpensado, no dejo de advertir que hay una cierta complacencia con el “mundo” al usar estos términos. Es una forma de decir: “No soy un fanático, veo nuestros defectos”, y así tranquilizar al medio ecuménico y tolerante. Pero cuando tratamos de  asuntos de Iglesia hay que poner la fe por delante y saber distinguir con claridad y valentía, entre los defectos de nosotros los católicos y la indefectibilidad de la Iglesia, a la que estamos obligados de proclamar.
   Indudablemente este misterio de apostasía que se está produciendo – en los católicos – dentro del ámbito físico de la Iglesia, produce una serie de equívocos que llevan a hacer tambalear esta seguridad dogmática. La misma frase “Crisis de la Iglesia”, tan usada por nosotros, es un mal uso, ya que la Iglesia no tiene crisis, lo que tiene crisis es la fe de los hombres católicos, que hasta puede perderse en gran parte de su jerarquía. Pero la Iglesia continúa pura como María, tal cual define el Cardenal Suenens “La Iglesia y María… las dos son un mismo misterio visto bajo dos aspectos diferentes”. Podemos decir que Pedro tuvo crisis, pero no podemos decir esto de Nuestra Santa Madre. Tuvo “dolores” en esta vida terrena, y la Iglesia los tiene también.
    Monseñor Lefebvre nos dijo que este asunto actual, era una crisis del sacerdocio, es decir, de los sacerdotes, y podemos agregar que es una crisis del papado, de Pedro, que ve tambalear su Fe. ¿Quo Vadis? Le repite la Iglesia, que es María, y que es Cristo.
   Pero volvamos a los términos; como nos tratan peyorativamente de “ultramontanos”, queremos saber qué significa esto para ver si nos ofendemos o no. Pues ya nos han dicho “tridentinos” o “ignacianos”  con asco, y hemos dado las gracias. Veremos si en este caso es lo mismo.
  En clara etimología ser ultramontano es estar del otro lado de los montes, por lo que para un chileno yo soy sin duda un ultramontano (como para Ayuso es Devilliers un ultrapirenaico), pero ambas situaciones pueden ser reversibles en su acepción geográfica. Ahora bien, puede tener el mote una carga despectiva, y cada vez que los españoles les dicen a los franceses “ultrapirenaicos”, estos contestan que África comienza al sur de los Pirineos. Y si un chileno en tono despectivo me dijera “ultramontano”, pues yo le contestaría “¡Las güevas!, eso será tu maire”. Dejo sin más esta acepción porque no creo que se trate de esto lo que nos dicen.
   Veamos cuáles son las otras acepciones del término en Wikipedia:     
   “El término tiene su origen en el adjetivo ultramontano, por el que los italianos, durante la Edad Media, solían referirse a aquellos que nacieron en Francia y Alemania . Ultramontano significa «más allá de las montañas», en referencia a los Alpes que separan a Italia y el Vaticano de dichos países; cuando se sabía que había sido elegido un papa de una región no italiana, a éste solía llamársele "Papa ultramontano".
Inicialmente la palabra comenzó a utilizarse para referirse a personas o regiones «muy católicas» o «fielmente católicas».
    Hasta aquí no hay querella, pero sigamos…

“Después de la Reforma Protestante del (siglo XVI) el término comenzó a ser utilizado en tono peyorativo, para referirse a los cristianos sujetos a la autoridad del Papa y durante la Ilustración del (siglo XVIII) a quienes eran partidarios de los privilegios de la Santa Sede en contra de las políticas anticlericales que llevaban adelante Francia, Alemania y otros países europeos que transitaban hacia el liberalismo político. En la Revolución Francesa (1789), el término fue utilizado para referirse al tipo de Estado católico anterior a la revolución, frontalmente opuesto al nuevo Estado laico totalmente separado de la Iglesia Católica y con plena libertad de conciencia y de culto, que emergió de la Revolución francesa".
  Si es esto lo que nos quieren decir, pues bienvenidas sean las peyoraciones. Pero sigamos…

 “Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, ultramontano, en su tercera acepción, es el “partidario o defensor del más alto poder y amplias facultades del Papa.”
   
  Es decir, que critican que el Papa se meta en asuntos de los seglares, en cuestiones políticas que no implican la Fe ni las costumbres católicas, sino cuestiones de poder económico, político, nombramientos, etc. Bueno… esto pasaba en muchos casos en la Edad Media y en el renacimiento, pero a partir de 1789 a los Papas les quitaron hasta el Vaticano, no sólo no se podían meter en nada en las naciones, sino que casi no podían hacer nada en sus propios dominios. Pero quienes nos critican dicen que el mal al que se refieren, es algo que ocurre en los últimos ciento cincuenta o doscientos años, por lo que queda fuera esto a lo que nos referimos.
   Es decir que hay que definir un ultramontanismo reciente que no tiene un corno que ver con el poder terrenal del Papa sobre las naciones, que en los últimos doscientos años es inexistente (por desgracia). No se trata de un asunto de “poder” terrenal, sino una cuestión de orden interno, de dentro de la Iglesia.
   Ya vamos rumbeando que ser ultramontano es sostener que “el Papa tiene el más alto poder y amplias facultades “dentro” de la Iglesia”. Dejemos para otro momento el asunto de si esto es bueno o malo que sea así. Por ahora restrinjámonos a la realidad histórica. En los últimos ciento cincuenta años los Papas nunca han tenido un poder tan débil hacia dentro de la Iglesia. A nadie se le ocurre que el Obispo de San Juan o de La Pampa, se sienta constreñido por el poder del Papa. Nunca los Papas como en estos últimos ciento y pico de años se han encontrado con una jerarquía tan rebelde y disímil, que han tenido que tolerar por no poder sacudirles el trasero. Todos lo han sufrido aún dentro del Vaticano y cada vez que han querido reaccionar, se han visto impedidos de mil maneras, desde el limpio asesinato de Juan Pablo I, hasta la renuncia de Benedicto XVI. Ni qué hablar de los Obispos y Cardenales que le hicieron el boicot a Pio IX y Pio X (lo último que quería Pio IX como sucesor – y lo dijo expresamente-  era a León XIII, y se lo pusieron).
¿Entonces? ¿Cuál es el sufrimiento al que el abuso de los Papas nos ha sometido en los últimos siglos? Pobres hombres desapoderados hasta límites impensables por los poderes políticos externos y las presiones internas. ¿Es Francisco un déspota absoluto? ¿O un pobre payaso que baila al ritmo que le marcan las usinas ideológicas porque si no, le pasaría como a Benedicto y no duraría ni un día? Está bien, si te gustan los cargos te van a dar un palo, pero así como andamos tan tranquilos los lefebristas, anda Mons. Schneider desafiando el poder Papal por todo el mundo sin que se le salga la sonrisa; claro… se sisca en los cargos rentados y en los galones, y nadie puede pararlo. Un buen déspota lo hubiera asesinado hace tiempo.
   El problema que tienen estos hombres no es el despotismo papal, ni un abuso de poder terrenal externo o interno, el problema que tienen estos hombres es la AUTORIDAD EN DOCTRINA, AUTORIDAD QUE SE VE REFORZADA EN LOS ÚLTIMOS CIENTO CINCUENTA AÑOS POR EL DOGMA DE LA INFALIBILIDAD.
     Y agrega la wikipedia unpoco de historia:
   "El ultramontanismo se fomentó con el papa Pío IX. El Vaticano perseguía con esta idea liberar al Papado de la dependencia de los poderes civiles y dar más libertad de acción a la Iglesia, especialmente, cuando los papas se consideraron prisioneros en Roma, ya que la recién creada Italia les había despojado de los Estados Pontificios, y aquellos no reconocieron al nuevo Estado hasta 1929.
Además, el Papado había vivido un intenso siglo XIX con presiones de Napoleón en su momento, y en medio y participando en las luchas y conflictos del proceso de unificación italiana. El ultramontanismo defendió el dogma de la infalibilidad papal, que se estableció en este mismo papado."
      Ser ultramontano es para ellos consentir con este dogma y punto. Es una queja de teólogos que quieren repensar con libertad y sin sujeciones la Teología. No es la queja de un Lefebvre o de un Schneider que hacen apostolado como Obispos. No es la queja de los tradicionalistas; porque este dogma de la infalibilidad es el que nos protege a los tradicionalistas, ya que no pueden ir en contra de lo dicho y establecido por los Papas anteriores al Concilio. A Francisco le molesta tanto este dogma como a los Wanderianos, los únicos que joden con él somos los tradicionalistas, porque a cada dislate, sacamos a relucir el magisterio firme y establecido y los ponemos en un problema. Schneider existe y no se lo pueden cargar porque existe un magisterio infalible, y sin él, estaría frito.
   Es increíble el capirote que da Bouyer y con él estos fantoches. Diluyan la autoridad papal y se podrán bajar a Francisco, quizá, pero se habrán bajado la única defensa que tiene el tradicionalismo que es el magisterio infalible de todos los Papas. La ideología entregará gustosa este peón, porque después nos come el rey.
   Refuercen la autoridad papal y estarán todos los modernistas bien jodidos, porque lo máximo que podrán hacer con sus babosidades teológicas es marcar opiniones, pero jamás definir, porque la contradicción con lo anterior no lo permite, para ello deben negar expresamente lo anterior, y entonces ya no tienen la autoridad para imponer.
      Entonces recapitulemos; cuando nos dicen despectivamente “ultramontanos”, se están refiriendo a que sostenemos que el Papa tiene la última palabra infalible en materia de fe y costumbres por directa inspiración del Espíritu Santo; que no es un teólogo más, ni mucho menos un árbitro de los teólogos, porque en esos casos – de fe y costumbres- cuando el Papa define, es Cristo el que define. Y que estas definiciones, pueden o no ser procesos racionales llevados como nuestras formas de pensar las cosas; ya que pueden venir así no más, de rompe y raja, dictados por el mismo Espíritu. Es un misterio.
     De esta manera los teólogos se ven más obligados a pensar desde las definiciones magisteriales, que desde sus ciencias. Esta dependencia es la que molesta.
     Pues sí, en este sentido, y si quieren utilizar un viejo insulto protestante para designar a aquellos que creemos en el dogma establecido de la Infalibilidad Papal, podemos asentir en que somos ultramontanos.
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      Párrafo aparte va para aquellos tradicionalistas de buena fe, que queriendo evitar el mote mal intencionado, no terminan de entender nuestra posición con respecto al falso magisterio conciliar.
      Uno puede aquejarse de un error que se produce, por exceso o por defecto.
      Estos señores a los que aludo se quejan de que el Papado ha errado por “exceso”, es decir que ha tomado un poder excesivo, una atribución desmedida con respecto a la interpretación y aplicación de la Revelación. Que esta atribución es una “novedad” producida en los últimos siglos, que no era sí antes de que se declare el dogma de la infalibilidad. Que la Revelación es un todo objetivo que está por encima de la doctrina de los Papas y a la cual todos los teólogos - en igualdad de condiciones con el Papa - pueden recurrir para formarse ideas, y que en el mejor de los casos, y por una cuestión de orden, el Papa tiene la última palabra para decidir en una discusión contradictoria. Es un “arbitro”, y los es no por tener una facultad o carisma especial, sino por una cuestión de orden. Por supuesto, aquí la “inteligencia” y formación teológica del Papa tiene mucho que ver y mucho más cuando el Papa suele ser mucho menos dotado que la mayoría de los teólogos. El caso que ponen como paradigmático es San Pablo y San Pedro, parece que Pablo es el doctrinario y Pedro simplemente recepta (ya esto lo había dicho Renán y muchos otros heresiarcas, que el cristianismo es en realidad un invento de Pablo).
     Nosotros, por el contrario, nos aquejamos porque los Papas conciliares han pecado por defecto, no por exceso. Entendemos que el Papa, por más burrito que fuera, tiene un carisma dado por el Espíritu Santo para definir la Verdad e interpretar la Revelación, aplicándola y dictando leyes obligatorias conforme a ella. Y esto lo puede hacer ya sea como producto de un estudio propio, de estudios de otros teólogos, o porque surge de un dictado directo del Espíritu. Y si Pedro recepta un pensamiento de Pablo, este es infalible cuando lo dice Pedro asistido, pero la autoridad de ese pensamiento no viene de la inteligencia de Pablo, viene de Cristo mismo por intermedio de Pedro. Es Cristo quien da la primera y última palabra, por intermedio de Pedro, ya sea por causas segundas, o de sopetón.
     Para nosotros el contenido de la Revelación, su verdadera interpretación y su aplicación mediante leyes obligatorias, sólo puede ser hecho por el Magisterio Papal. Y este no está obligado a respetar opiniones de los Teólogos. A lo único que está obligado es a querer definir acertóricamente, positivamente, definitoriamente, una Verdad, y con esa voluntad expresada, en la forma conceptual y lógica apropiada que no deja dudas, es Infalible.
     Los Papas conciliares han defeccionado de ese carisma, les resulta violento, es forzar la libertad y dignidad del hombre, y han dejado de “utilizar” este remedio infalible. Es más, han adoptado una gnoseología (una filosofía) que hace imposible definir de manera asertórica y positiva, nada. Todo es opinión y dialéctica hacia una construcción de consenso.
    El tradicionalista no le pide al Papa que tenga menos poder, por el contrario, le pide que tenga más. Que lo use. Que defina, que mande, sin ambigüedad, de manera asertórica. Porque confiados en la Promesa, pensamos que puesto a “definir”, el Espíritu Santo no dejará de asistirlo. Pero puesto a opinar, entonces es su caletre el que decide, y es cierto que suelen ser medio brutitos.
    Si tal misterio no obrara, la Iglesia no existe. Es una estafa. Es un grupo de opinión.
    ¿Entonces? ¿Cómo juzgo lo que dice el Papa? ¿Me remonto con mi inteligencia a la Revelación y comparo mis conclusiones con la del Papa? Sonamos, somos protestantes.
     Nos aproximamos al problema con un arma primera. Aquello que los anteriores Papas definieron de manera infalible no puede ser contradicho ni derogado ni cambiado, sino no sería infalible. Ya tenemos algo seguro. Papa contra Papa. No YO contra Papa, ni teólogo contra Papa. Y esa arma la tenemos gracias al denostado Pio IX.
    Pero resulta que veo contradicción, y no puedo hacerme el tonto. Ser línea media es hacerse el tonto con las contradicciones y decirse, “parece que las hay, pero como no puede haberlas, esperemos que se expliquen de alguna manera más adelante. Pedro es Pedro y punto”. Y debo aceptar que esta solución, por más ciega que parezca, es mucho mejor que la que da por terminado el misterio de la Infalibilidad papal y con ella el valor del Magisterio Papal. Esta contradicción se pudo sostener mientras fue doctrinal y no llegaba a la vida diaria, era en la fe, pero no en las costumbres; hasta que llegó a la puerta de cada casa y cataplúm.
    Claro que es una solución que implica dejar la inteligencia en perplejidad y vacante por un tiempo, lo que puede ser bueno por un corto tiempo si uno piensa con humildad, pero que si se alarga convierte a nuestra religión en algo irracional, contrario a la inteligencia de las cosas, en una especie de Islamismo, en un voluntarismo. Y esto no puede ser si tenemos un Dios que se comunica con nosotros a través de la inteligencia y no un dios loco que manda cosas contradictorias e irracionales.
  Debe haber algún modo de salvar la contradicción, de explicarla, porque la línea media estalla cuando la evidencia la golpea en su vida diaria.
   Hay cuatro soluciones para la contradicción.
   1.- El sedevacantismo. Simple y sin más vueltas. Hasta un punto estuvo Pedro; luego no hay más Pedro, son usurpadores y por tanto no hay contradicción. La misma contradicción es la prueba de las pruebas.
    2.- El bouyerismo. La negación de la infalibilidad del magisterio. Siempre pudo fallar el magisterio y de hecho siempre hubo fallas. El criterio es la Revelación no sujeta al magisterio y no hay que asustarse con contradicciones, pues siempre las hubo. El defecto está en “imponer” las opiniones, fijarlas, no dejar lugar al debate. Es decir, revisión permanente del magisterio que es una tarea intelectual como cualquier otra humana, científica y sin grandes misterios. Ya no en el desorden modernista sino bajo reglas de consenso y arbitraje. Dialéctica permanente.
   3.- La línea media. Esta nos dice: “¡Parecen contradicciones!”, pero no son tales… dales tiempo, ya se van a solucionar. Fe “confianza”, irracional, “papismo” o “papolatría”. Perplejidad, voluntarismo y forzamiento hermenéutico antilógico.
    4.- El tradicionalismo. Lo que no hay más es “magisterio”. El anterior era infalible y no tenía contradicciones. El magisterio explicita la Revelación sin duda alguna. Lo que hoy se contradice, las contradicciones, no son juicios de una misma categoría lógica. Son definiciones asertóricas, contra opiniones no categóricas. También las ha habido en otros momentos (y en esto se confunde el bouyerismo), pero al nivel de la opinión de los teólogos, no del Magisterio. El Papa puede dar opiniones como teólogo, y son discutibles, pero si define, define y punto. Hay que trabajar con la inteligencia para saber cuándo es opinión y cuándo Magisterio. Si contradice al Magisterio firme y declarado ya tienes la prueba de que es opinión. Lo confirmas con un análisis lógico y filosófico; por la “forma”, y no por el “fondo”. La solución viene no de mi propio criterio con respecto a lo que es la Verdad, de mi juicio sobre la Revelación,  sino del sentido en que la jerarquía se pronuncia. Si Dios no es malo, nos deja patente esta “FORMA” de pronunciamiento; hay que saber descubrirla. No es difícil, requiere un mínimo de lógica. Si dice y avisa que no da formulas dogmáticas, pues son opiniones. Las opiniones pueden ser rebatidas con argumentos propios, sí, pero sólo ameritan la oposición total y el derecho a la resistencia  contra la Jerarquía, si contrarían el Magisterio anterior firme y declarado, sino, no. Los Papas conciliares sólo han expresado opiniones permitiendo que las mismas sean puestas en contradicción, y de hecho, nunca han contradicho de manera terminante el Magisterio firme anterior.  Esto por efecto de voluntad expresa de ellos, y por efecto de tácita intención al expresarse en un contexto conceptual liberal. Por ello las condenas a la FSSPX fueron disciplinarias y luego levantadas, no pueden condenar la doctrina.
 
            Entonces veamos que no somos “papistas” en cuanto a todo lo que los Papas “opinan”, pero sí lo somos en todo lo que los Papas “definen”.
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     Los bouyeristas no pueden decir con todas las letras que el problema que tienen es la Infalibilidad Papal, pues caerían bajo anatema inmediato, y a esta adhesión dogmática, la llaman eufemísticamente “ultramontanismo”, que equivale a “caca” o “tuto” o “malo”. Tienen que minarla, hacerla excepcional al punto de que desaparezca. El problema de ellos no son los Papas conciliares, es sólo Francisco (son grandes admiradores de Benedicto XVI) y su objeción contra Francisco no es que sea modernista o liberal, es que se impone en los hechos, impone opinión, es un manipulador publicitario de la opinión pública, que en los hechos es imponer la deriva de los bajos instintos para conservar el poder. Lo odian tanto como a los Papas preconciliares que se imponían con definiciones, y les parece el mismo mal. El mal – para ellos – es “imponer”, de una u otra manera, porque el bien más excelso – para ellos- es la libertad.
   Coincidimos con ellos en que Benedicto XVI fue el Papa menos “autoritario” de toda la historia, era un filósofo moderno antes que nada. No era un manipulador publicitario ni una autoridad en el sentido clásico y por eso no pudo mantenerse en el poder. Era nada. Y de esa manera terminó, y después de él podía venir cualquier cosa. Cualquier persona que sabe algo de historia sabía que después del vacío de poder, viene la desgracia. Sólo ellos y algunos otros ingenuos, se sorprendieron con el resultado. Vean este párrafo de Sebastián Randle – bouyerista si los hay-  en la nota 663 de la página 451 del segundo tomo del Castellani “Claro, nos apresuramos a confesar que a nosotros nos pasó algo parecido durante el reinado del Papa Benedicto XVI: creímos que el progresismo estaba liquidado, que ya no se la caía una idea, que no eran sino cuatro viejos a los que nadie hacía caso ya, y luego… ¡ay! Vimos que estábamos enteramente equivocados: aún les quedaba una mano más.” Lo rescatable es que “estaban enteramente equivocados”.  
          Concluyendo, en el sentido que lo usan, ser ultramontano está bien. En mi caso, que vivo en la montaña, con más tino va el acierto. Para los porteños y provincia de Buenos Aires, con su inmensa pampa, no tiene mucho sentido.  

   

15 comentarios:

  1. Hagan un ejercicio: lean el último artículo de Schneider en Adelante la Fe con respecto al Concilio y sus contradicciones, y vean en qué lugar se lo puede ubicar? Después vemos que hemos pensado cada uno.

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  2. Somos papistas porque amamos a los papas verdaderos que defendieron la Fe, me refiero a los preconciliares, pudo haber alguno no tan acertado pero en general defendían el depósito de la Fe. Y el término papólatra lo usaban los protestontos para burlarse justamente de los buenos católicos que defendían la institución del papado. Aunque ahora se usa peyorativamente para los que idolatran al falsario.
    El bouyerismo es mentalidad protestante pues critican a los papas verdaderos en lo que hacía bien. Bouyer era protestante y para eso se convirtió al catolicismo para criticar desde adentro, pero desde la mentalidad protestante, la cual al final no le cambió en nada pues entró en la iglesia pero con la mochila llena de los errores que ellos profesan.

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  3. Otro caso patológico al estilo wanderiano e infocaótico es el del padre Ravassi en el blog que no te la cuenten, que acusa de jansenita y rigorista ¡¡a san Luis Gonzaga!!! siempre basándose en los manualitos de humanistas estilo Thibon etc...

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    1. Ademas:
      Se dice "discipulo" admirador de cierto jesuita de amplio predicamento en muchos que--hambrientos de Fe y Tradicion--reciben plagios "conservadores" con "verba" de genuinos.
      De Holanda del 60 al dia de hoy; aun no ha tenido tiempo--ni "animo"-- de reencontrarse plenamente con la Santa Misa Tridentina.
      ¿Acaso por "ignorancia"?
      En este caso puntual: POR CUALESQUIERA CAUSA menos ignorancia.
      QUEDE CLARO Y SIN TAPUJOS "jesuiticos".
      Queda la esperanza de una Gracia a tiempo.
      Atanasio

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  4. Me sigue pareciendo un análisis ingenuo, si la frater entra en la secta modernista ésta la demuele sin contemplaciones en un chasquido, ya tienen experiencia en eso los muy ladinos okupas. Si él estuviera como papa podría ser pero por algo no lo nombran cardenal.... jaja
    y si estuviera como papa lo primero que debería hacer sería la consagración de Rusia, que lo demás vendría por AÑADIDURA.

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    1. Uff y siguen con Fatima, la fe de muchos tradicional"ISTAS" se resume en Fatima y no se dan cuenta que Fatima ya fue, y no lo digo por la Virgen que como Madre amorosa nos alertó hace 100 años y ni los papas menos los curas y nosotros los fieles le llevamos el apunte.
      En que mundo viven? Rusia ya expandió sus errores y Roma cayó en la apostasía y no va a consagrar nada.

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    2. Comentario ejemplo de torpeza y manifiesta confusion.
      Apenas rescatable la ultima frase.

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    3. "Sr." Anónimo; siga esperando nomás sentado y no se cual es la confusión? Ya pasó el 13 de Mayo ¿Y? el 13 de Julio ¿Y? no sea supersticioso, estudie, los días que corren se necesitan católicos de Fe adulta.

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    4. Ya van a ver que las razones para no consagrar al error que viene de Rusia en exclusivo, están avaladas por lo mejorcito de los conservadores actuales...

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  5. Al mal no se lo arranca conversando serenamente, se lo arranca y punto y a veces con la imposición de la fuerza ¿o acaso a una piedra no hay que imprimirle violencia o fuerza para moverla de lugar? la misma violencia que ellos usaron para prohibir la verdadera misa. ¡¡Ya de ver como andan departiendo con los enemigos como con iguales estamos hasta la coronilla!! ese es el error sobreañadido a los errores modernistas que los neocones de por sí cometen, viven conversando con el error y con el error no se discute, al error se lo combate, punto.

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  6. Schneider no se da cuenta o no quiere darse cuenta que cuando a un alimento le agregaron veneno ya no es posible decantar ese veneno para hacer de nuevo apto el alimento. El concilio fue convocado con la expresa intención de demoler baluartes, así que partiendo de ese dato no podemos decir que fue lícito, como no fue lícita la designación de roncalli que se interpuso mediante un golpe de Estado al verdadero elegido el cardenal Siri. Por mi que Schneider se vaya a confeccionar trajes que tal vez eso lo haga mejor que ser un tibio monseñorete que no quiere ver que una simple frase le enrostra la realidad pura y dura del QUE CAMINEN BAJO NUESTRO ESTANDARTE PENSANDO QUE LO HACEN BAJO LAS LLAVES DE PEDRO
    instrucción permanente de alta vendita...
    ¿será que él no quiere deshacerse del yugo masón que lo tiene cautivo?
    las medias tintas son tan revulsivas y nocivas como el mismo veneno.

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  7. Aquí está la prueba de cuán lícito fue el conciliábulo masón vaticano dos don monseñor el Sastre ¿o debería decir el deSastre?
    ..........


    (el falsario).... con el libro de las 95 tesis de Lutero, 13-Otc-2016




    La fiesta de la condenación:... (el falsario) celebra a Lutero

    Por César Félix Sánchez Martínez

    En ese libro fascinante –y de lectura más que obligada en estos tiempos terribles-, titulado Fátima, Roma, Moscú del padre Gérard Mura (edición en español de 2005), se revela, entre otras cosas, el misterioso simbolismo de una fecha: 13 de octubre, última aparición y milagro del sol en Fátima. Basándose en estudios historiográficos recientes, el padre Mura señaló como fecha del martirio de San Pedro el 13 de octubre del año 67. Curiosamente, sería el mismo día casi 1900 años después, en que ocurriría, en palabras de Romano Amerio, la «ruptura de la legalidad conciliar», cuando, el 13 de octubre de 1962, el cardenal Liénart, de Lille, «capturaría» el micrófono en la asamblea conciliar, y, encabezando un golpe de fuerza de la minoría progresista, impondría el descarte de los esquemas del Sínodo Romano previo, elaborados bajo la vigilancia del cardenal Ottaviani, y daría propiamente origen al Concilio Vaticano II, al volver a comenzar los trabajos de elaboración de los documentos, pero esta vez con peritos progresistas y con un manejo hábil del «consenso» manufacturado. Se había iniciado de esa forma el desmantelamiento modernista de la Iglesia.


    http://statveritasblog.blogspot.com.ar/2016/10/la-fiesta-de-la-condenacion-francisco.htm

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  8. El pelón es gibelino!

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  9. Che, no era que no publicabas anónimos?

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